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6 de febrero de 2011

Gerrit Dou y la uroscopia


Gerrit Dou (1613-1675). El Médico (1653). Detalle
Kunsthistorisches Museum. Viena


Durante mucho tiempo -sobre todo en la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco- la uroscopia, definida por el Diccionario de la Lengua Española como la "inspección visual y metódica de la orina, antiguamente usada para establecer el diagnóstico de las enfermedades internas", fue el procedimiento más utilizado en medicina para determinar los padecimientos del paciente; hasta tal punto que los pintores holandeses del siglo XVII la representaron en múltiples ocasiones como símbolo por excelencia del acto médico.

Gerrit Dou(1) fue uno de esos pintores holandeses del Barroco, que nació en Leiden, el 7 de abril de 1613, y falleció en la misma ciudad el 9 de febrero de 1675, a los 61 años de edad. El primer maestro de Dou fue su propio padre, un grabador de vidrio. Luego fue aprendiz con otros artistas locales, un grabador de cobre y un pintor sobre cristal. En 1628, con 15 años, se convirtió en el primer discípulo de un joven Rembrandt, que entonces contaba tan sólo 22 años de edad. Con Rembrandt se formó durante tres años, y de él adquirió algunas de sus habilidades más características, como el exquisito uso del color y la forma de plasmar los más sutiles efectos del claroscuro.

Desde que Rembrandt se trasladó a Amsterdam, en 1631, Gerrit Dou se convirtió en el pintor más importante de Leiden; una ciudad que, además de por su famosa universidad, destacaba por ser el principal centro productor de arte al gusto de la época. Al principio de su carrera, Dou, realizó algunos retratos; pero estos fueron disminuyendo gradualmente, ya que los retratados eran reacios a darle el tiempo que él consideraba necesario para realizar sus obras. Cuentan que podía tardar cinco días en pintar una mano. Puede que algo influyera su formación infantil, trabajando cuidadosamente un material tan delicado como el vidrio; pero, posiblemente -aunque esto no lo pueda afirmar- fuera el propio carácter del pintor, extremadamente minucioso, hasta cierto punto obsesivo con el orden y la limpieza, que esperaba -cuando se movía en su estudio- a que se depositara la última partícula de polvo antes de continuar pintando, y se fabricaba sus propios pinceles porque pensaba que nadie podía proporcionarle los que requería para ejecutar sus finas pinceladas, el que le hacía trabajar tan lento. Pocos pintores le han dedicado tanto tiempo, como él, a plasmar tan meticulosamente cada uno de los detalles de sus imágenes. Por todo ello, se especializó en obras de pequeño formato, con escasos personajes, y donde se reproducen los efectos de la luz (ya fuera luz natural, que entraba por una ventana, o la que podía producir la llama de una vela) como pocos lo han conseguido, con colores admirablemente frescos y transparentes, y un efecto general delicadamente armonioso. No obstante, a pesar de su característica minuciosidad, a Dou -que debió ser un trabajador infatigable- se le atribuyen más de doscientas pinturas, que se encuentran repartidas por las principales pinacotecas del mundo. Pintó variados temas; pero es conocido, fundamentalmente, por sus interiores domésticos, por lo general con pocas figuras, enmarcadas por una ventana o por las faldas de una cortina y rodeadas de libros, instrumentos musicales y otros objetos alusivos al tema que se representaba. Él y sus discípulos, como Gabriel Metsu y Frans van Mieris el Viejo, fueron conocidos como fijnschilders (que podemos encontrar traducido como "buenos pintores" o "pintores finos") por la pulcritud y el detallismo con que representaban sus escenas. Lo cierto es que Dou alcanzó gran fama en su época, fue próspero y respetado a lo largo de su vida y sus cuadros alcanzaron elevados precios; teniendo como clientes no sólo a la burguesía protestante holandesa, sino a monarcas y aristócratas como la reina Cristina de Suecia, Leopoldo Guillermo de Habsburgo, archiduque de Austria y conocido mecenas de las artes, Cosme III de Médici y el rey Carlos II que Inglaterra, que ofreció a Gerrit Dou el puesto de pintor en su Corte; pero éste prefirió seguir con su vida tranquila y ordenada en Leiden.

Entre los temas que más gustaban entonces, a juzgar por el gran número de cuadros en los que aparecen, se encontraban las escenas que representaban diversas actividades médicas; y, entre ellas, la de un médico practicando la uroscopia. Sólo entre Gerrit Dou y su paisano y contemporáneo (aunque trece años más joven) -y a la vez tan distinto en el modo de expresar su arte- Jan Steen (sobre quien tenemos mucho que hablar), llegaron a realizar cerca de veinte versiones de médicos uroscopistas.

En realidad, a través de los tiempos, los pintores han representado a los médicos en incontables ocasiones. A veces, mediante retratos con mayor o menor presencia de símbolos de la profesión; pero también, con frecuencia, mostrando escenas en las que se ejecutan distintas actuaciones diagnósticas o terapéuticas. Y, no por casualidad, una de las más representadas ha sido la uroscopia. Durante cientos de años, como hemos dicho antes, la inspección visual de la orina fue uno de los métodos diagnósticos más utilizados, si no el que más. Ya en los tratados hipocráticos se hace referencia a la utilidad del examen de orina para el diagnóstico de determinadas enfermedades. Pero, según los testimonios gráficos con los que contamos, podemos decir que la uroscopia va adquiriendo relevancia en la Edad Media y se sigue utilizando de manera generalizada durante el Renacimiento y el Barroco, e incluso bastante tiempo después. De modo que, para los artistas de la "edad de oro" de la pintura holandesa, en el siglo XVII, se trataba de la práctica distintiva del médico.

Las primeras representaciones conocidas de la escena uroscópica -según Amalia Pati- se encuentran en manuscritos médicos del siglo XII; aunque aparecen también en obras de distinta naturaleza, como breviarios y devocionarios. La misma escena se esculpe en algunas catedrales europeas, como la Catedral de Ruán, o se talla en las puertas del campanario de la Catedral de Florencia. Tampoco era raro "...ni se consideraba impropio, representar a Cristo como un uroscopista simbolizando, de este modo, sus superiores poderes curativos".(2) Pero nunca, hasta que lo hicieron los pintores barrocos holandeses, la escena había sido tan frecuentemente representada.


Entre las numerosas versiones que Gerrit Dou realizó de la escena uroscópica, una de las más conocidas y mi preferida es la que pintó en 1653, que actualmente se encuentra en el Kunsthistorisches Museum (Museo de Arte de Viena), y en la cual el pintor se retrata a sí mismo como médico. En el inicio de esta entrada se puede ver, en detalle, al pintor en su papel de médico, y a continuación se reproduce el cuadro en su totalidad.

Gerrit Dou (1613-1675). El Médico (1653)
Óleo sobre tabla. 49,3 x 36,6 cm.
Kunsthistorisches Museum, Viena

La escena se abre al espectador mediante un enorme arco con balcón (que Dou emplea con mucha frecuencia), decorado con una suntuosa cortina azul y relieves en la parte inferior. El médico, protagonista del cuadro, realiza una uroscopia observando atentamente la "matula", "...una vasija de vidrio de forma esférica en su parte inferior, con un cuello de grosor variable, que simulaba, en definitiva, la forma de la vejiga".(3) Delante de él cuelgan una alfombra ricamente bordada, una bacía de metal (como aquélla de barbero-sangrador que don Quijote usaba a modo de yelmo), un frasco de plata adornado con relieves, un libro con ilustraciones del esqueleto humano, seguramente una copia de De humani corporis fabrica, de Vesalio, que, por su estado, parece ser objeto de reiteradas consultas, "...y -como apuntan Vigué y Ricketts- un globo terráqueo medio velado por la cortina, símbolo de la alquimia, tenida por falsa ciencia. Estos elementos pretenden plasmar la amplitud y profundidad de los conocimientos de este médico, pero también la enorme capacidad del pintor para representar todas las cualidades materiales de los objetos".(4) Detrás, oculta en las sombras (la luz entra por una ventana situada a la derecha del médico), hay una mujer; quizá una sirvienta del médico, o de un paciente que ha enviado la orina para que la examine y determine la enfermedad que padece.


Pero existe otro cuadro, muy famoso, que no se puede dejar de ver si hablamos de Gerrit Dou y la uroscopia. Se trata del conocido como La mujer hidrópica, y lo podemos visitar en el Louvre.

Gerrit Dou (1613-1675). La mujer hidrópica (c. 1663)
Óleo sobre tabla. 86 x 67,8 cm.
Museé du Louvre. París

Dejemos que sean los expertos Jordi Vigué y Melissa Ricketts quienes nos lo expliquen:


"La obra representa una escena de género que tiene como protagonistas a una anciana enferma y un médico envueltos en la penumbra de una habitación. El médico va ataviado con las ropas propias de su oficio. Está situado en el centro examinando una muestra de orina a través de un frasco de vidrio. A su derecha se encuentra la pretendida enferma, con el rostro lánguido vuelto hacia la luz, que entra por el cristal de la ventana. Junto a ella hay una mujer de mediana edad sosteniendo en una mano la cuchara con que ha estado intentando dar de comer a la mujer. A sus pies, una muchacha toma la mano de la enferma, mientras la mira, llena de pena. La intimidad que se desprende de las actitudes de este grupo, formado quizás por las tres generaciones de mujeres de una misma familia, contrasta con la frialdad analítica del médico, que observa el color de la orina de la paciente.

La hidropsia[sic] era una enfermedad relacionada con el exceso de fluidos en el interior del cuerpo causando debilidad de las extremidades o congestión pulmonar y cardíaca. En la época en que Dou pintó esta obra, uno de los métodos habituales era el análisis de orina o uroscopia. La orina se vertía en un frasco de cristal denominado matula, igual al que sostiene el médico de esta obra. El análisis incluía la observación del color, los sedimentos y la densidad, oler, e incluso probar la muestra para determinar su acidez. Luego se comprobaban los resultados con una lista general de hasta 20 gradaciones de color con sus correspondientes explicaciones y diagnóstico.

Muchos profesionales, como Thomas Brian en su panfleto El profeta del Pis (1637), condenaron los frecuentes abusos que originó esta práctica por parte de charlatanes y falsos médicos".(5)


Con el avance de la medicina, a partir del siglo XVIII y, sobre todo, durante los siglos posteriores, la uroscopia dejó de tener importancia como método diagnóstico, y los artistas dejaron de representarla, para seguir siendo cronistas de su tiempo, demostrando así -como señala Amalia Pati- "...la íntima relación entre las manifestaciones artísticas y la ciencia médica".(6)


NOTAS
(1) El nombre de Gerrit Dou lo encontramos escrito, a veces, como Gerard, y el apellido como Dow o Douw. Aquí empleamos la forma más usual y frecuentemente utilizada.
(2) PATI, Amalia (2007): "¿Qué es la escena uroscópica?". Medicina & Cultura, 1, 3 [Disponible en: http://www.medicinaycultura.org.ar/03/Pintura_01.htm; consultado el 6 de febrero de 2011].
(3) Ibidem.
(4) VIGUÉ, Jordi y RICKETTS, Melissa (2008): La Medicina en la Pintura. El Arte Médico. Barcelona, Ars Médica: 133.
(5) Ibid.: 142.
(6) PATI, Amalia (2007): Loc. cit.


Enlaces de interés:
Una forma distinta de tratar este tema se puede encontrar en el estupendo y divertido blog Medicina Joven: "Diagnosticar con el olor y color de la orina".

18 de enero de 2011

Un cuadro de Juan Manuel Blanes sobre la fiebre amarilla en Argentina

Juan Manuel Blanes (1830-1901). Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires (1871)
Óleo sobre tela. 230 x 180 cm.
Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay

Antes que la prensa digital, antes que la televisión o la radio, cuando la fotografía todavía estaba en sus inicios, un pintor uruguayo, Juan Manuel Blanes, actuando prácticamente como un reportero que presenta la crónica de actualidad, nos dejó esta imagen sobre la terrible epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871.

Se sabe, incluso, quienes eran los principales personajes representados en el cuadro. Según podemos leer en Wikipedia

"Juan Manuel Blanes, pintor uruguayo que vivió en Buenos Aires, pintó un óleo sobre tela (actualmente en Montevideo) llamado 'Episodio de la Fiebre Amarilla' [...] inspirado en un hecho acontecido durante la tragedia, probablemente el 17 de marzo de 1871, en la calle Balcarce. En él se observa a una mujer (Ana Bristani), muerta por la fiebre, tirada sobre el piso de un conventillo. Su hijo, un bebé de pocos meses, busca el seno de su madre. A la derecha, sobre un lecho, se encuentra el cadáver del padre. La puerta del cuarto está abierta y entrando por la misma se observa al doctor Roque Pérez (en el centro) y al doctor Manuel Argerich (a su derecha), miembros de la comisión popular y que luego morirían víctimas también de la fiebre. Éste célebre cuadro se convirtió en un emotivo homenaje a quienes dieron su vida intentando salvar las de los demás."


Dicen que el médico Roque José Pérez cogió al bebé en brazos y lo llevó a una casa de niños expósitos. Pérez fallecería tres días después. El otro médico, Manuel Argerich, murió unas semanas más tarde, también contagiado por la enfermedad. 


Sin duda, este cuadro es un magnífico ejemplo de la relevancia que ha tenido la pintura en la Historia de la Medicina y en la Historia Social.


Enlaces de interés:
Museo Municipal de Bellas Artes Juan Manuel Blanes (Montevideo)

14 de enero de 2011

Van Gogh y el tabaco

Vincent van Gogh (1853-1890). Kop van een skelet met brandende sigaret (1886)
Óleo sobre tela. 32 x 24,5 cm.
Museo Van Gogh. Amsterdam

Mientras la polémica sobre la nueva ley que prohíbe fumar en muchos lugares de España sigue candente, lo cierto es que en el país hay menos humo; pero este escribidor (en el sentido coloquial del término que hizo famoso el gran Vargas Llosa, de quien ya quisiera tener una millonésima parte de su valía literaria) se entretiene con cuestiones más de su gusto, buscando temas sobre medicina y arte en relación con el tabaco. La verdad es que ejemplos hay para empezar y no parar. Uno de los más interesantes, en mi opinión, es este cuadro del genial Vincent van Gogh, que mi querida amiga Ana Leal Anguita nos ofrece en su exquisito blog "ARTES PLÁSTICAS", en una entrada, "NO SMOKING PLEASE", en la que tuvo la gentileza de nombrarme y dedicarme una glamourosa fotografía en la que la bellísima Lauren Bacall enciende un cigarrillo a su tantas veces partenaire (lo escribo sin comillas, pensando que la Real Academia Española no ha suprimido, todavía, este galicismo que a mí me suena mejor que "compañero de reparto") y marido en la vida real, el fumador empedernido, casi inimaginable sin el cigarro encendido entre sus dedos o sus labios, el irrepetible actor Humphrey Bogart. Por cierto, sabían que Humphrey Bogart era hijo de médico, que su padre quería que estudiara medicina en Yale; pero que no pudo ser porque el chico era muy aficionado a fumar, beber y "pasarlo bien" y poco o nada a estudiar...


Gracias, Ana, por tu detalle. Me encantó.


Respecto a ese cuadro del esqueleto de la parte superior del tronco y cráneo fumador, conocía la imagen, incluso había pensado utilizarla alguna vez en las presentaciones antitabaco que, desde 2005, vengo realizando; pero, ¡oh, ignorante!, no sabía ni nunca me había preocupado por saber que el autor era, nada menos, que van Gogh. Se trata de una de sus obras más significativas de cuando estudiaba en Amberes. Hay quien, inocentemente, ha comentado por algún foro, que el pintor expresaba así los efectos del tabaco. Falso de toda falsedad. Más acertadas me parecen las opiniones que sugieren una muestra del carácter rebelde del pintor, que lo manifestaba así como reacción al academicismo clásico de sus estudios de anatomía aplicada al arte. O, como sensatamente dice Ana Leal: "...esta imagen no pretendía denunciar nada, más bien dotar de vida a la calavera."


Por supuesto, esa no fue la única vez que van Gogh pintó un cráneo. Abajo se pueden ver otras dos muestras, pintadas en París, en el invierno entre 1887 y 1888: de frente y de perfil.

Vincent van Gogh. "Schedel" (1887/1888)
Óleo sobre tela. 41,5 x 31,5 cm.
Museo van Gogh. Amsterdam

Vincent van Gogh. "Schedel" (1887/1888)
Óleo sobre tela. 43 x 31 cm.
Museo van Gogh. Amsterdam

Aquél mismo invierno, en París, dibujó el esqueleto colgante con gato que aparece a continuación.

Vincent van Gogh. "Hangend skelet en kat" (1886/87)
Museo van Gogh. Amsterdam

Respecto al tabaco, en algunos de sus retratos aparece gente fumando, como el hombre fumando en pipa, de 1885.

Vincent van Gogh. "Kop van een man"(1885)
Óleo sobre lienzo. 38 x 30 cm.
Museo van Gogh. Amsterdam

O, este otro interesante cuadro, el único en que he visto que el retratado fumaba un cigarrillo. La página del Museo van Gogh parece indicar que se trata de un paciente, compañero suyo, un hombre con un solo ojo, que pintó mientras estaba ingresado en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy; aunque esa misma página, en otro lugar, dice que ingresó en dicho Hospital en el año 1889 -como así fue- por lo que existiría una incongruencia en las fechas; o, probablemente una mala interpretación mía. Seguramente, el cuadro, es anterior a su ingreso en el mencionado hospital psiquiátrico.

Vincent van Gogh. "Portret van een man met één oog" (1888)
Óleo sobre lienzo. 56 x 36,5 cm.
Museo van Gogh. Amsterdam

Muchas veces, en sus autorretratos (él fue su principal modelo) van Gogh, que era un gran fumador, se representó a sí mismo fumando en pipa.

Vincent van Gogh. Autorretrato (1886)
Óleo sobre lienzo. 46 x 38 cm.
Museo van Gogh. Amsterdam

Vincent van Gogh. Autorretrato (1887)
Óleo sobre lienzo sobre cartón. 42 x 30 cm.
Museo van Gogh. Amsterdam

Y, cómo no, en su famoso autorretrato, con una venda, después de haberse cortado parte de la oreja derecha, en 1889.

 Vincent van Gogh. Autorretrato "con una oreja vendada" y pipa (1889)
Óleo sobre lienzo. 51 x 45 cm.
Colección Privada
Van Gogh es una figura apasionante para la medicina y el arte sobre la que, inexcusablemente, tendré que volver...



7 de enero de 2011

Los niños que siempre sonríen. Textos e imágenes sobre un cuadro de Caroto y el síndrome de Angelman


Giovanni Francesco Caroto (c. 1480-1555). Giovane con disegno di pupazzo (c. 1515-1520)
Óleo sobre madera. 37 x 29 cm.
Museo di Castelvecchio, Verona, Italia

Giovanni Francesco Caroto fue un pintor veronés que floreció durante la primera mitad del siglo XVI, en pleno Renacimiento italiano. Su obra más conocida y reproducida, sin duda, es este cuadro que podemos encontrar con diversos nombres, tanto en italiano como en otros idiomas. Entre los nombres italianos se pueden citar: Ritratto di fanciullo con disegno, Bambino con disegno... O Giovane con disegno de pupazzo, por el que he optado porque es el que utiliza el Museo di Castelvecchio, donde se encuentra, en la romántica y monumental ciudad de Verona. El cuadro nos muestra a un niño, casi adolescente, de cabello pelirrojo, ojos y piel claros, mirada vivaz y, sobre todo, una amplia y franca sonrisa, que se gira para mirarnos de frente mientras nos muestra orgulloso un dibujo que ha realizado, un garabato demasiado infantil para la edad que representa. Hay quien comenta, con sentido del humor, que la primera vez que vio el cuadro, al fijarse en "este escueto dibujo infantil, lineal y torpe", pensó que algún bromista experto en photoshop había alterado la imagen original. Poca "idealización" se puede apreciar en este cuadro. Caroto reflejó la realidad de un niño, un niño de apariencia feliz y, seguramente, muy querido por la persona que encargó el retrato.

Cuatro siglos y medio después, el retrato de ese niño dio pie para que el pediatra inglés Harry Angelman (1915-1996), que lo había conocido en un viaje a Italia, publicara en 1965, en la revista Developmental Medicine and Child Neurology, tres casos de lo que inicialmente llamó puppet children (el título más utilizado del cuadro en inglés es Boy with a Puppet). Así lo explicaba el propio Angelman, en 1991, en comunicación personal al especialista en Pediatría y Genética Clínica estadounidense Charles A. Williams:

"The history of medicine is full of interesting stories about the discovery of illnesses. The saga of Angelman's syndrome is one such story. It was purely by chance that nearly thirty years ago three handicapped children were admitted at various times to my children´s ward in England. They had a variety of disabilities and although at first sight they seemed to be suffering from different conditions I felt that there was a common cause for their illness. The diagnosis was purely a clinical one because in spite of technical investigations, which today are more refined, I was unable to establish scientific proof that the three children all had the same handicap. In view of this I hesitated to write about them in the medical journals. However, when on holiday in Italy I happened to see and oil painting in the Castelvecchio museum in Verona called 'Boy with a Puppet'. The boy's laughing face and the fact that my patientes exhibited jerky movements gave me the idea of writing an article about the three children with a title of Puppet Children. It was not a name that pleased all parents but it served as a means of combining the three little patients into a single group. [...] This article was published in 1965 and after some initial interest lay almost forgotten until the early eighties."(1)

Los que no sean muy duchos en lengua inglesa pueden leer una traducción, no muy buena pero aceptable, en este enlace. Hablando de traducción, y más concretamente de traducción médica, de buena traducción médica, no quiero dejar de hacer referencia a la magnífica revista Panace@ (publicación oficial de TREMÉDICA, la Asociación Internacional de Traductores y Redactores de Medicina y Ciencias Afines), que con gran acierto dirige la Profesora Dra. Bertha Gutiérrez Rodilla, y cuyo Secretario de Redacción es mi querido amigo y compañero, el Profesor Juan V. Fernández de la Gala, autor del blog KIRCHER LANDSCAPE  y alma del blog VESALIUS. Para comprobar el interés científico y humanístico de esa magnífica revista de la que hablo basta con dedicarle unos minutos al número actual de Panace@, o cualquiera de los anteriores. Fue precisamente en dicha revista donde encontré el artículo, de F. A. Navarro, que utilizo como referencia principal en esta entrada sobre el cuadro de Caroto y el síndrome de Angelman.

Como dice Navarro:

"En 1982, [el ya citado] Charles A. Williams y su colega chileno Jaime L. Frías propusieron el antropónimo Angelman syndrome para reemplazar tanto el término elegido en 1965 por Angelman, puppet children syndrome, como el utilizado en 1967 por Bower y Jeavons, happy puppet syndrome, ambos hoy en desuso por considerarse peyorativos y estigmatizantes."(2)

El síndrome de Angelman es un trastorno neurológico hereditario, debido a un defecto del cromosoma 15. Aunque enmarcado dentro de las llamadas "enfermedades raras" (y, por tanto, poco conocidas, no sólo por la población en general, sino por los propios médicos), su frecuencia es mayor de lo que -en principio- se pensaba (aproximadamente 1/25.000), porque muchos no están correctamente diagnosticados. Para conocer con más profundidad el síndrome de Angelman se puede consultar la página del Profesor Dr. Víctor Alejandro Gaona, o Wikipedia, que tiene un artículo muy bien construido. Aquí, siguiendo una vez más a F. A. Navarro, diremos simplemente que:

"Clínicamente se manifiesta por marcha rígida y espasmódica, microcefalia, hipotonía muscular, retraso del habla, dificultad de aprendizaje, trastornos del sueño, predisposición epiléptica y -de forma muy llamativa- boca sonriente y risa excesiva e inoportuna. Los niños con síndrome de Angelman son personas de aspecto feliz, con gran afectividad natural, gustosas del contacto humano y muy juguetonas; y en las que la mayor parte de las reacciones y estímulos físicos o psíquicos se acompañan de risa franca." (3)

En el día de los Reyes Magos, el día de los niños por excelencia, que es cuando se ha redactado la mayor parte de esta entrada, he querido contribuir modestamente al conocimiento del síndrome de Angelman, para que su diagnóstico se lleve a cabo lo más pronto posible y los niños que lo padecen puedan recibir cuanto la medicina y la sociedad sean capaces de ofrecerles para su mejor desarrollo personal: y que esa risa suya, constante, sea realmente feliz. Para acabar, incluyo estos dos vídeos de You Tube, con el mismo propósito:





REFERENCIAS:
(1) NAVARRO, F. A. (2009): "¿Quien lo usó por vez primera? Síndrome de Angelman". Panace@, 10(30): 168. [Disponible en: http://medtrad.org/panacea/IndiceGeneral/n30_entremeses-FNavarro.pdf; consultado el 6 de enero de 2011].

28 de diciembre de 2010

Un cartel de Ramón Casas sobre la sífilis

Ramón Casas i Carbó (1886-1932)
Cartel (1900). 80 x 34,3 cm.
Museu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona (España)

Este cartel, impreso por J. Thomas, en Barcelona, en el año 1900, fue realizado por el pintor catalán Ramón Casas i Carbó por encargo del Sanatorio para sifilíticos del doctor Abreu, sito en el número 74 de la calle Mayor de la Bonanova, de esa misma ciudad. Una clínica dedicada al tratamiento de la sífilis, en una época en que todavía no se conocía la arsfenamina (un compuesto de arsénico), el medicamento descubierto por Paul Ehrlich, que vino a revolucionar el tratamiento de la enfermedad desde que fue comercializado, en 1910, con el nombre de Salvarsán(1) y cuyo centenario(2) se ha celebrado este año.

Casas (uno de los precursores del cartelismo artístico en Cataluña), como dicen Vigué y Ricketts, "...resolvió el encargo con singular maestría, sirviéndose de elementos tan expresivos como sutiles."(3) Y añaden:

"El cartel está dividido en tres partes. Consta de un título en la zona superior, una imagen de una mujer en el centro y una leyenda en la zona inferior, donde se ofrecen los datos de la clínica que se publicita ('curación absoluta y radical en el Sanatorio para sifilíticos...').
La S de sífilis [todas las "s", en realidad, que aparecen en el cartel] recuerda la forma de una serpiente. Ello alude a la peligrosidad de la enfermedad, que acecha venenosa desde los rincones más oscuros. No hay que olvidar que en aquella época [en Barcelona] se transmitía sobre todo por el contacto con las prostitutas que trabajaban cerca del puerto. En el centro aparece una mujer con mantón de Manila, similar a las atractivas 'chulas' de los carteles de la época, como la del Anís del Mono (realizado por el mismo Casas). Sin embargo, se diferencia de ellas en que no aparece tan hermosa, sino pálida y desmejorada, con la maraña de pelo despeinado y la delgadez anémica apenas cubierta. Es un fiel retrato de la enfermedad, que consume a quien la sufre. Sostiene en su mano un lirio blanco, que simboliza la esperanza de la curación. El árido panorama de esta mujer enferma, verdadera personificación de la enfermedad, se completa con un fondo neutro de color anaranjado que potencia la sensación de palidez demacrada y debilidad de la protagonista."(4)

En el siguiente vídeo, del Canal Historia, se ofrecen más datos sobre Ehrlich y el Salvarsán, al que también se llamaba la "bala mágica", para el tratamiento de la sífilis:



NOTAS
(1) Sobre el Salvarsán, también conocido como "606" por el número que Ehrlich le había asignado en sus investigaciones, recomiendo leer las diversas entradas que ha publicado el Profesor Fresquet en su blog "Medicina, Historia y Sociedad".
(2) CORNEJO ALEMÁN, Luis Manuel (2010): "La sífilis y el centenario del Salvarsán". Panamá América. [Disponible en: http://www.pa-digital.com.pa/periodico/edicion-anterior/opinion-interna.php?story_id=956323. Consultado el 28 de diciembre de 2010].
(3) VIGUÉ, Jordi y RICKETTS, Melisa (2008): La Medicina en la Pintura. El Arte Médico. Barcelona, Ars Medica: 205.
(4) Ibidem.

21 de diciembre de 2010

Erasístrato, Antíoco y Estratónice

Jacques Louis David (1774). Antíoco y Estratónice


Erasístrato (c. 304 - 250 a.C.) fue un médico de la Grecia Antigua, nacido en Iulis, en la isla de Ceos. Junto a Herófilo, se le considera uno de los fundadores de la Escuela de Medicina de Alejandría, que llegó a ser la más importante en su época.


Lo que de su obra se conoce, se debe fundamentalmente a los comentarios de sus sucesores, sobre todo de Galeno, que fue su crítico más famoso. Se sabe que practicó la disección y realizó importantes descubrimientos anatómicos y fisiológicos sobre el sistema circulatorio y el sistema nervioso.


Pero, sobre Erasístrato se cuenta una historia que es la razón para hablar hoy, aquí, de él. Se dice que Antíoco, hijo de Seleuco I Nicátor (uno de los generales de Alejandro Magno que llegó a reinar en Babilonia y Siria) había caído gravemente enfermo y su padre hizo llamar al famoso médico Erasístrato para atenderlo. El médico observó que cuando Estratónice, una de las esposas de Seleuco, entraba en la habitación del enfermo, éste enrojecía y se le aceleraba el pulso, por lo que dedujo que la enfermedad, como señala Briceño-Iragorry, tenía una causa más mental que somática, y que la pasión que Antíoco sentía por su joven y bella madrastra era la causa de dicha enfermedad. Hay quien considera a Erasístrato, por ello, un pionero de la psicoterapia. A mí me parece, más bien, un precursor de la semiótica médica o, incluso, -si se me permite la broma- de "la máquina de la verdad". 


Esta es la escena que representó el pintor francés Jacques Louis David en uno de sus cuadros, el que da inicio a esta entrada, con el que obtuvo el prestigioso premio de Roma, en 1774. En el cuadro se puede ver a Erasístrato en la parte inferior izquierda, como un venerable anciano envuelto en rojas vestiduras, sentado a la cabecera del enfermo y señalando con gesto demasiado acusador -para mi gusto- a la bella Estratónice, vestida de blanco, que baja humildemente la cabeza, mientras que el rey "padre-esposo" recibe la noticia impresionado en medio de otros personajes de la corte.


Años más tarde, uno de los más destacados discípulos de David, Jean Auguste Dominique Ingres (discípulo, sí, pero no amigo, sobre todo desde que David impidió que ganara el ya citado "Premio de Roma"), pintó la misma escena.

J. Auguste Dominique Ingres (1840). La Maladie d'Antiochius o Antíoco y Estratónice.
Óleo sobre lienzo. 57 x 98 cm.

La historia de Antíoco y Estratónice acabó bien para los jóvenes amantes. Seleuco renunció a Estratónice para que se casara con Antíoco, y les concedió un reino -eso sí- lo más lejos posible del suyo propio.


El tema de la enfermedad de Antíoco y sus amores con Estratónice no sólo fue tratado por los pintores, sino también por escritores y músicos de los siglos XVII y XVIII. Entre los músicos se pueden citar, entre otros, a Cristoph Graupner (1708) y Honoré Langlé (1786). Aunque, seguramente, la ópera más conocida sobre este asunto es la Estratonice de Étienne Mehúl (1792), de la que podemos escuchar dos momentos a continuación, ilustrados por las pinturas de IngrésDavid.




13 de diciembre de 2010

Unas palabras del Profesor Orozco sobre la patobiografía de don Manuel de Falla

Manuel de Falla (1876-1946)

Don Manuel María de los Dolores Falla y Matheu nació en Cádiz (España), el 23 de noviembre de 1876, y murió en Alta Gracia, provincia de Córdoba (Argentina), el 14 de noviembre de 1946, a punto de cumplir los 70 años de edad. Que fue "...uno de los músicos más importantes de la primera mitad del siglo XX en España" -como leemos en Wikipedia- no lo duda nadie. "Falla no es un compositor cuantitativo, pero sus composiciones rezuman calidad" -señalaba recientemente mi querido amigo el Dr. José Manuel Brea, en su blog "Medicina y Melodía"-. Y añadía: "Su escasa obra es magistral". La genialidad del compositor gaditano es indiscutible. Se discute, en cambio, y probablemente seguirá discutiéndose, sobre cuáles fueron las enfermedades que padeció a lo largo de su vida y como pudieron influir éstas en su obra. Se ha dicho, por ejemplo, que dejó inacabada La Atlántida "...debido a las limitaciones que le ocasionaron sus numerosos episodios de hipocondría...". Los doctores Fausto Galdo y Carlos Fernández, por su parte, niegan que Manuel de Falla fuera tuberculoso (aunque otros pensamos que la tuberculosis de Falla está suficientemente acreditada) y dan poca credibilidad a otras teorías, "...como la sífilis propuesta por Campodónico en 1956"; proponiendo la hipótesis "...de que Falla sufría una espondiloartropatía asociada a enfermedad de Crohn..."(1)


Con la intención de aportar un documento para el mejor conocimiento de la patobiografía de Manuel de Falla, transcribo en esta entrada un texto -en mi opinión poco conocido- del Profesor Orozco.

Profesor Dr. D. Antonio Orozco Acuaviva (1934-2000)
(Este dibujo se encuentra entre los retratos de
Presidentes del Ateneo de Cádiz)

En noviembre de 1946, coincidiendo con el cincuentenario de la muerte de Manuel de Falla, don Antonio Orozco Acuaviva era -entre otras cosas- Catedrático de Historia de la Medicina, Presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz, Director de la Real Academia Hispanoamericana, de esta misma ciudad, y Fundador y Presidente de la Sociedad de Historia de la Medicina Hispanoamericana. Hombre de cultura extraordinaria, gran afición por el arte, en sus más variadas manifestaciones, y profundo conocedor -por diversos motivos- de la vida y la obra de su paisano Falla, Orozco puso su mayor ilusión y todo su empeño en que Cádiz recordara como correspondía a su ilustre hijo fallecido cincuenta años antes en Argentina. Como Director de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz, de la que Falla había sido nombrado Académico de Honor el 7 de abril de 1923, él fue el principal impulsor de los homenajes que entonces se le tributaron al gran compositor. Entre ellos, un ciclo de conferencias. En el Discurso de Contestación a una de esas conferencias, que era también Discurso de Ingreso en la Hispanoamericana del Profesor don Fernando Sánchez García, el 17 de diciembre de 1996, el Profesor Orozco dijo:

"Durante muchos años la gente ha ignorado la enfermedad que padecía y mató al maestro Falla. En las noticias de prensa y en muchos de sus apuntes biográficos se hablaba de 'crisis de agotamiento y fatiga', 'ataques de nervios' y en algún caso de 'reuma', por sus problemas articulares. Incluso Viniegra que tan bien lo conoció, se limita a transcribir las notas de Pemán cuando le visitó en Los Espinillos y le abrazó solamente con un brazo, porque el otro -decía Pemán- había tenido 'despegada la clavícula aunque ahora ya estaba soldada'. Por las referencias que se hacía sobre su meticulosidad en la ingestión de múltiples medicamentos y su escrupulosidad por la limpieza, parecía a primera vista que estábamos ante un neurasténico.
Pero la palabra maldita, 'tuberculosis', nadie se atrevía a pronunciarla. O se ignoraba o se ocultaba.
Esto no tiene nada de particular en la psicología de la época. Desde el principio del siglo XIX la tuberculosis, la tisis, la 'peste blanca', era una lacra social y por lo tanto una enfermedad vergonzante que ocultaban a los demás la familia y el enfermo. Como se quejaba allá por los años veinte uno de nuestros primeros tisiólogos, el Dr. Valdés Lambea de Madrid, en España, por desgracia, la tuberculosis no se considera una desgracia, sino una deshonra. Ya en aquella época éste mismo autor publicó una serie de trabajos sobre la psicología de los tuberculosos, basado en su amplia experiencia y que yo traigo a colación porque conservan aún toda su actualidad.
La primera descripción acertada que conozco de la enfermedad de Falla la encontré, en mi homónimo Emilio Orozco Díaz, en 1985 al relatar el estado grave en que se encontraba Falla en Córdoba en 1937, al describirlo como un 'antiguo tuberculoso pulmonar', con un 'absceso tuberculoso subclavicular que fue intervenido quirúrgicamente varias veces por el catedrático de aquella Facultad D. Francisco Mesa Moles'. Asímismo tuvo una 'artritis tuberculosa del tarso derecho' que le imposibilitó en cama durante mucho tiempo y luego le obligó al uso de un bastón... Estas noticias coinciden con las que actualmente nos vienen de Argentina, aunque las normas deontológicas hayan impedido hasta ahora abrir los arcanos de los archivos clínicos de los médicos que le atendieron, que casi todos deben ya haber fallecido y sus papeles posiblemente perdidos. Casi solo nos queda el recuerdo que transmite Emilio Orozco de los 'ganglios cervicales' que le trataba en Granada Federico Olóriz, o los 'abscesos dentales' que le curaba el odontólogo Dr. Gálvez. Pero éste es un tema sobre el que nunca se ha profundizado por la referida actitud psicológica nacional. Entre el secreto profesional, la discrección familiar y el rechazo social a muchas enfermedades han hecho que la patobiografía de muchos de nuestros genios no se conozca bien, mientras se conocen perfectamente las de muchos de sus contemporáneos de Europa y América.
No queremos ser nosotros los que rompamos esa tradición nacional, pero debemos desmitificar la tuberculosis ahora que desgraciadamente vuelve a comenzar a hacer estragos en nuestra infancia y juventud. Porque la tuberculosis, si me permitís la expresión, es una enfermedad bella. Bella y triste, si se quiere, como la Dama de las Camelias. Pero aunque triste y trágica, espiritualmente bella.
Es cierto que algunas alteraciones mentales se encuentran relacionadas con la tuberculosis. Algunos de los "locos egregios" de los que hablaba Vallejo Nájera eran efectivamente tuberculosos, lo cual no es nada extraño teniendo en cuenta lo extendidísima que se encontraba la enfermedad. Pero no estoy refiriéndome a cuadros de psicosis, sino a esos estados mentales como neurosis pasajeras, estados depresivos y sobre todo estados de excitabilidad que hace tan peculiar la psicología de los tuberculosos. Estas alteraciones psicológicas se pretenden explicar por la toxemia fímica, que impregna todo el organismo, aunque los gérmenes estén acantonados en determinadas estructuras histológicas.
Es a esa acción toxémica a la que se atribuye esa hiperexcitabilidad que muestra el sujeto tuberculoso con sus mejillas encendidas que contrastan con la palidez de su piel, las pupilas dilatadas, la taquicardia, la febrícula, la locuacidad, la brillantez psíquica, la memoria fácil, la imaginación viva y sobre todo ese optimismo que no concuerda con su verdadera situación orgánica. Se cree poseedor de todo el tiempo del mundo. ¿Cuánto tiempo le queda a la Atlántida para estar terminada?, le preguntaban al maestro: 'Seis meses', contestaba invariablemente. Y continuaba un año y otro limando y perfeccionando lo escrito, porque algún día la acabaría..."(2)

Y, más adelante, concluye:

"Su precocidad infantil, su fina sensibilidad que le hace sufrir tremendamente ante las amarguras de la guerra, su seriedad de carácter desde niño, su brillantez imaginativa... todo ello coincide con el psiquismo de su hábito leptosomático y la incidencia de una bella, pero cruel enfermedad que le martirizó durante toda su vida y contra la que empleó los insuficientes tratamientos de la época: reposo, clima de montaña, sobrealimentación, calcio... Toda su vida transcurrió entre el debatirse en una batalla a brazo partido contra la cruel fimia que le consumía, al igual que la mítica Atlántida se debatía contra las olas del mar profundo que se la tragaba, y la lucha constante de su alma grande y exquisita para alcanzar a través de la Música las cotas más altas de la espiritualidad que le llevaba a buscar a Dios..."(3)

Lamentablemente, no he podido localizar, todavía, ningún artículo científico donde Galdo y Fernández expongan su hipótesis sobre la posible espondiloartropatía asociada a enfermedad de Crohn que, según ellos, padecía Falla. No dudo que tendrán sólidos argumentos científicos para afirmarlo. Tampoco he podido localizar, aún, los escritos del psiquiatra Enrique González Duro que esos mismos autores mencionan. Sin embargo, el crédito que me merece el Profesor Orozco me hace pensar que no puede descartarse la tuberculosis de Falla como uno -al menos- de los factores que más influyeron en la vida y la obra de don Manuel de Falla.


Tras su muerte, el cadáver de Falla fue embalsamado y trasladado desde la Argentina a España, donde hoy reposan sus restos en la Catedral de Cádiz. ¡Descanse en paz! Pero su música sigue viva, y como ejemplo sirva esta Danza ritual del fuego, en la versión orquestal de El amor brujo (1925) dirigida por Barenboim.



Notas:
(1) GALDO, Fausto y FERNÁNDEZ, Carlos (2007): "Falla no era tuberculoso. Desvelando incógnitas sobre el Maestro". Mundoclasico.com. [Disponible en: http://www.mundoclasico.com/2009/documentos/doc-ver.aspx?id=1ff063b0-a3d7-4c5f-a511-678a80fc95df; consultado el 13 de diciembre de 2010]. Se trata de una nota de prensa, no de un artículo científico.
(2) OROZCO ACUAVIVA, Antonio (1996): Biopatografía de D. Manuel de Falla. Discurso de contestación del Excmo. Sr. D. - al de ingreso en la Real Academia Hispano Americana del Ilmo. Sr. D. Fernando Sánchez García el 17 de Diciembre de 1996. En: OROZCO ACUAVIVA, A. (Editor) (2000): Manuel de Falla, Cádiz e Hispanoamérica. Cádiz, Real Academia Hispano-Americana: 94-96. Desgraciadamente, el Profesor Orozco, mi querido y admirado Maestro, no pudo ver publicado este libro. Un trágico accidente de tráfico se lo llevó el 21 de julio de 2000. También él: ¡Descanse en paz!
(3) Ibidem: 96.

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