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11 de marzo de 2012

El nuevo blog del doctor Jorge Mauricio Barajas Pérez: "El arte en la medicina"


Frida Khalo (1907-1954). La columna rota (1944)
Óleo sobre lienzo montado sobre masonite. 43 x 33 cm.
Colección Dolores Olmedo Patiño, Ciudad de México
(Datos tomados del blog del doctor Barajas)


Quienes nos dedicamos -por pasión, no por otra cosa- a estudiar las relaciones entre la Medicina y las Humanidades estamos de enhorabuena. Ha nacido un nuevo blog: El arte en la medicina. Su autor es el doctor Jorge Mauricio Barajas Pérez, médico-cirujano y partero de la tierra de Juan Rulfo (como a él le gusta decir). La primera entrada de nuestro amigo mexicano no podía tener título más sugestivo: "Los médicos en la pintura de Frida Kahlo". Se puede acceder a ella, directamente, pulsando sobre su título o sobre el nombre del blog que repito a continuación:


¡Bienvenido sea el blog recién nacido! Y la más cordial felicitación para el ilustre partero que lo ha traído a este mundo nuestro en Internet.

28 de febrero de 2012

Los apestados de Jaffa


Antoine-Jean Gros (1771-1835). Bonaparte visitant les péstiféres de Jaffa le 11 mars 1799 (1804), detalle
Óleo sobre lienzo. 523 x 715 cm. (Obra completa)
Musée du Louvre. París

Como médico jefe del ejército de Napoleón en Egipto, durante los años 1798 y 1799, René-Nicolas Dufriche (1762-1837), más conocido como Desgenettes (de quien ya empezamos a hablar en el blog Retratos de Médicos), más allá de las heridas de guerra, tuvo que combatir contra la viruela, el escorbuto, la conjuntivitis aguda, la disentería y otras enfermedades que, como era común en la época, se llamaban con el nombre genérico de "fiebres". Es posible que esas enfermedades causaran mayor mortalidad que las armas del enemigo, a pesar de las rigurosas medidas higiénicas que de acuerdo a los conocimientos de la época ordenó establecer Desgenettes. Pero, de todas ellas, la peor sin duda y, paradójicamente, la que más ha influido en que hoy recordemos al jefe médico de aquel ejército napoleónico, por cuadros como los que podemos ver en esta entrada, fue la peste.


La peste es una de las enfermedades infectocontagiosas que más mortalidad ha producido a lo largo de la historia, originando numerosas epidemias y pandemias. Está causada por una bacteria, la Yersinia pestis, llamada así en homenaje al bacteriólogo franco-suizo Alexandre Yersin, que la descubrió en 1894. Los roedores, como las ratas, portan la enfermedad y esta se propaga por medio de las pulgas. Los humanos pueden contraer la peste cuando son picados por una pulga que porta la bacteria de esta enfermedad a partir de una rata infectada; pero esto no se supo hasta que lo describió Yersin, casi un siglo después de que ocurrieran los acontecimientos que se expondrán a continuación, y que llevaron al médico Desgenettes a enfrentarse con Napoleón. El contagio directo entre humanos es raro, ya que sólo puede producirse en una variedad de peste pulmonar, llamada peste neumónica.


Los primeros casos de la epidemia que afectó a las tropas de Bonaparte aparecieron durante la penosa travesía del desierto que tuvieron que realizar para escapar del hostigamiento al que les estaban sometiendo los ingleses, por un lado, y los otomanos por otro. Desgenettes, al tener noticia de esos primeros casos, en un intento de que la moral de los soldados no se viera afectada, prohibió incluso que se pronunciara el nombre de la temible enfermedad, sustituyéndolo por eufemismos como "fiebre bubonosa" o "enfermedad de las glándulas". Él mismo, siempre con el fin de que no decayera la moral de los hombres, tanto sanos como enfermos, realizó diversos actos más temerarios que valientes, como beber delante de todos, del mismo vaso que acababa de utilizar un enfermo, los restos del medicamento que se le había administrado. Pretendía así demostrar que la enfermedad no se transmitía por la saliva, como se venía diciendo (cosa que él no podía saber entonces, pero que resultó ser tal como afirmaba). En otra ocasión, se inoculó públicamente pus tomado directamente del bubón de un apestado, sin que se contagiara de la enfermedad. Esta escena sería posteriormente representada en varios grabados; aunque aquí traemos la que acompañaba al sello emitido por la República Francesa, el año 1972, en memoria de Desgenettes.





Lo cierto es que, a principios de 1799, en la ciudad de Jaffa (hoy perteneciente a Israel) a orillas del Mediterráneo, los servicios sanitarios franceses tuvieron que organizar la asistencia de la ingente cantidad de soldados afectados por la epidemia.


En abril de 1799, Napoleón decide evacuar a su ejército por mar, de vuelta a El Cairo. Pero se le plantea el problema de los enfermos de peste y sugiere a Desgenettes, en presencia del general Berthier, su Jefe de Estado Mayor, que se acortara la vida de los enfermos administrándoles altas dosis de opio, a lo que el médico respondió tajante: "Mi deber es mantenerlos con vida". Ante la determinación de su médico jefe, Napoleón pareció ceder y manifestó que se adoptarían medidas especiales para su evacuación. Sin embargo, en cuanto pudo, a espaldas de Desgenettes y de acuerdo con el farmacéutico jefe, Roger -según la bibliografía consultada- los apestados recibieron dosis letales de láudano (un preparado compuesto de opio y otras sustancias) para acabar con ellos. Su muerte masiva, no obstante, fue atribuida al incendio que, precisamente, se declaró en el lugar donde estaban concentrados. Un incendio sobre el que recae la fundada sospecha de que, aunque no lo hiciera personalmente, como es lógico, fue la mano de Napoleón la que prendió la mecha.


Desde aquel episodio surgió una evidente tensión entre Bonaparte y Desgenettes. Esa tensión llegó al extremo cuando poco después, ya de regreso en El Cairo, delante de los científicos que habían acompañado a Napoleón en su expedición a Egipto, el general exclamó: "La química es la cocina de la medicina". Inmediatamente, Desgenettes le preguntó: "¿Y cuál es, Sire, la cocina de los conquistadores?". Los dos hombres no volvieron a dirigirse la palabra hasta que Bonaparte partió inesperadamente hacia Francia el 22 de agosto de 1799. Desgenettes permaneció con las tropas en Egipto y no regresaría a su país hasta septiembre de 1801.


En 1804, el pintor Antoine-Jean Gros (1771-1835), como parte de la campaña de autopropaganda que el propio Bonaparte había promovido en su acceso al poder absoluto, presentó el cuadro que da nombre a esta entrada (pulsando sobre la imagen se puede ver ampliada). 

Antoine-Jean Gros (1771-1835). Bonaparte visitant les péstiféres de Jaffa le 11 mars 1799 (1804)
Óleo sobre lienzo. 523 x 715 cm.
Musée du Louvre. París

En el centro de la escena, Napoleón Bonaparte, valiente y compasivo, toca el bubón de uno de los enfermos; hay quien dice que lo hace como aquellos antiguos monarcas a los que se creía dotados de poder taumartúgico y curaban con el simple contacto de su mano, lo que se llamaba el "toque real". A la izquierda de Bonaparte, detrás, en un lugar discreto, se ve parte del rostro del médico (unos dicen que se trata de Desgenettes, otros que era el cirujano Masclet). A la derecha del general, su ayudante de campo, se tapa la boca y la nariz con un pañuelo. En torno a ellos aparece por doquier la miseria de los pobres enfermos, caquéticos, demacrados, muchos de ellos prácticamente desnudos, algunos atendidos por médicos que visten ropas orientales; como oriental es la arquitectura que pinta Gros, sin olvidar situar en lo más alto la bandera francesa como prueba de su dominio sobre la ciudad.


Cabe añadir que además de esta versión, la más conocida, que se encuentra en el Museo del Louvre, existe otra anterior, pintada por Gros en 1802 seguramente preparando la monumental obra que hemos visto ya, más pequeña y con algunas diferencias en los personajes y el lugar, que se puede ver en el Museo Condé, de Chantilly. Es la que se reproduce a continuación.

Antoine-Jean Gros (1771-1835). Les péstiféres de Jaffa (1802)
Óleo sobre lienzo. 91 x 116 cm.
Musée Condé. Chantilly


Finalmente, se puede decir en su honor que -según los famosos Juicios..., publicados en 1828-  Napoleón escribió de Desgenettes lo siguiente:
"Éste es un hombre excelente. Él fue de la opinión de que se dejase vivir a los apestados de Jaffa [...] cuando el ejército evacuó esta ciudad, diciendo que su profesión era la de curar a los enfermos y no hacerlos perecer."

19 de enero de 2012

Las neuronas de Ramón y Cajal: "mariposas del alma"


Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Corteza cerebral humana (1899)

Últimamente no dispongo de demasiado tiempo para mí, para el ocio, para el blog. Esta noche no he podido superar la ansiedad que provoca la adicción insatisfecha, y para remediarlo, mejor que acudir a los ansiolíticos, he preferido hacer una entrada breve pero sólidamente fundamentada en la imagen y la palabra. La imagen es la que acabas de ver, obra del científico español por excelencia, médico, escritor, artista... Don Santiago Ramón y Cajal. La palabra la ponen, en sus respectivas publicaciones (puedes enlazar con ellas pulsando sobre los nombres), don Javier de Felipe, el Centro Virtual Cervantes, y mi querido amigo el Profesor Fernández de la Gala. De este último copio el texto que describe nuestra imagen:

"En este dibujo, trazado una tarde por la mano de Cajal en el Madrid depresivo de 1899, aparecen muy bien descritas las células piramidales de la corteza cerebral. A él le gustaba llamarlas 'mariposas del alma' [...], y no hay duda de que la ilustración de Cajal acierta a mostrar en detalle el cuerpo celular típicamente piramidal de estas células. Se ve también una dendrita apical muy gruesa y erizada de espinas que sale de su vértice y asciende hacia la superficie. De los ángulos laterales del cuerpo surge un ramillete de dendritas basales, y de la base del mismo, un axón que desaparece del dibujo para dirigirse a la sustancia blanca subcortical. Unas células 'delicadas y elegantes -escribió en 1917-, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental'."

Ramón y Cajal fue -además de todo lo demás- un meritorio artista gráfico; mi amigo Fernández de la Gala, tan polifacético como aquel sabio jesuita, Athanasius Kircher, a quien dedica su blog, es -entre otras muchas cosas- un artista de la palabra (hasta Vargas Llosa lo sabe).

8 de enero de 2012

No era un melanoma. Lo que Goya pintó en la sien de la Infanta María Josefa era un lunar postizo


Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828).  María Josefa de Borbón y
Sajonia, infanta de España
(1800). Detalle
Óleo sobre lienzo. 72 x 59 cm. (Cuadro completo)
Museo Nacional del Prado. Madrid

Por segunda vez, el rostro de la infanta María Josefa de Borbón abre una entrada de este blog. La primera fue el pasado 3 de abril de 2011, cuando me hacía eco de lo planteado en una publicación norteamericana acerca del posible melanoma que Goya habría pintado en la sien derecha de la infanta. Dicho planteamiento no parecía descabellado sabiendo que María Josefa falleció año y medio después, sin que se conozca la causa; y sobre todo si, en vez de ver la imagen inicial, tomada del estudio al natural, pintado en Aranjuez en mayo de 1800, que Goya realizó de la infanta (según se dice, tuvo que pintar a cada personaje por separado, por deseo de la reina María Luisa) se ve su retrato en el propio cuadro de La familia de Carlos IV, que se se muestra a continuación.

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). La familia de Carlos IV (1800)
Óleo sobre lienzo. 280 x 336 cm.
Museo Nacional del Prado. Madrid
(Pulse sobre la imagen para ampliarla)

En el cuadro, Goya sitúa a la infanta María Josefa en segunda fila (el mismo lugar que ocupó en la historia), en el grupo de la izquierda, detrás del príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, y de una joven no identificada (que debería representar a la que fuera esposa del anterior), y sólo delante de donde el pintor, modestamente, se coloca a sí mismo. Si se fijan en la mancha oscura que aparece sobre la sien derecha de la infanta, no es extraño que alguien pueda pensar que se trata de un tumor. Y si ese alguien es médico, puede pensar en un melanoma, del tipo lentigo maligno o, más aún, en una queratitis seborreica.

Detalle del cuadro anterior

Pero Goya ya había pintado antes esas "manchas". Por ejemplo, en la sien izquierda de la reina María Luisa de Parma, la esposa de Carlos IV, en 1789 y 1790.


Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). La reina María Luisa con tontillo (1789)
Óleo sobre lienzo. 205 x 132 cm.
Museo Nacional del Prado. Madrid


Francisco de Goya (1746-1828). María Luisa de Parma, reina de España (1790)
Óleo sobre lienzo. 127 x 94 cm.
Museo Nacional del Prado. Madrid

Detalle del cuadro anterior


Antes aún, en 1797, se puede ver lo mismo, justo donde acaba la ceja derecha, en este retrato de doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo y Silva-Bazán, XIII duquesa de Alba por derecho propio.

Francisco de Goya (1746-1828). Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo,
Duquesa de Alba, cuadro conocido como La duquesa de Alba vestida de negro (1797)
Óleo sobre lienzo. 210 x 149 cm.
The Hispanic Society. Nueva York


Detalle del cuadro anterior

Porque lo que Goya pintó en los rostros de la infanta, la reina y la duquesa, no eran tumores, sino lunares postizos. Y no lo digo yo, lo dice la doctora Olga Marqués Serrano, que de esto sabe mucho:
"Esta mancha ha sido muchas veces interpretada erróneamente como una queratosis seborreica, pero se sabe que era una moda, un parche realizado en terciopelo o seda negra que llevaban como adorno en la sien y parece que a veces usaban para aliviar el dolor de cabeza".(1)

Y lo digo ahora porque entonces, cuando se publicó aquella entrada, en abril del año pasado, mi amiga Carmen Cascón Matas, como buena historiadora y fina observadora que es, en su comentario apuntaba que, seguramente, lo que Goya pintó en el rostro de María Josefa de Borbón era uno de esos lunares postizos. Y yo me quedé pensando... Reconozco que me equivoqué. ¡Hay que tener mucho cuidado con estas cosas!


En fin, como homenaje a don Francisco de Goya, y con mi agradecimiento a Carmen Cascón, a quien le dedico esta entrada, nos despedimos por hoy con imágenes de la obra del genio de Fuendetodos y música de Boccherini.



BIBLIOGRAFÍA
(1) MARQUÉS SERRANO, Olga (2009): La piel en la pintura. Madrid, Reprofot: 192.

17 de diciembre de 2011

La Mona Lisa: un compendio de Medicina Interna


Leonardo da Vinci (1452-1519). La Mona Lisa (1503-1506)
Óleo sobre tabla de álamo. 76,8 x 53 cm.
Museo del Louvre. París


La entrada anterior de este blog, donde los ojos de la Mona Lisa presentaban la interesante iniciativa "Mírame, diferénciate", me llevó a buscar información sobre la "patobiografía" -si se me permite decirlo así- de este personaje representado en la obra maestra del gran Leonardo. El resultado ha sido impresionante: más de doscientos treinta y siete mil resultados ofrece Google en 0,37 segundos... Pero, entre tanta información, me ha llamado especialmente la atención un artículo del Dr. Martínez García (de quien tomo, incluso, el título de esta entrada) publicado en los Anales de Medicina Interna, en el año 2006. Me ha parecido tan interesante el artículo que en esta ocasión, en vez de ser yo quien escriba, que siempre lo haré peor, transcribo a continuación algunos de sus párrafos:

"En su silencioso deambular de consulta en consulta, la historia clínica de la Gioconda ha ido acumulando diagnósticos de casi todas las especialidades médicas. En 1959 el Dr. Keele, experto en la obra científica de Leonardo, diagnosticó el embarazo de la modelo al identificar en cara, cuello y manos algunos de los cambios externos originados por las típicas alteraciones hormonales de la gestación, amén de la que el autor considera postura típica: los brazos cruzados sobre el regazo; opinión recientemente compartida por el Dr. Nulland. Entre ambos, el Dr. Marañón detectó una insuficiencia ovárica, hablando de mano hipogenital con aspecto de impregnación vasculolinfática, sensación de frialdad y que dejarían fóvea al apretarlas. En relación con el embarazo y el mayor riesgo en estos casos de parálisis facial, en 1989 el Dr. Adour identificó una parálisis de Bell parcialmente recuperada, aunque con las secuelas de una leve contractura muscular facial, evidente en la comisura bucal y ceja del lado izquierdo, y una desagradable sincinesia secundaria que provocaría continuos movimientos involuntarios faciales asociados a otros voluntarios o al simple parpadeo, lo que habría hecho imposible concluir la obra y obligado a Leonardo a una indefinición de rasgos. En este mismo sentido se ha manifestado Mantkelow, mientras que el prof. Schutzenberg se decanta por una contracción levemente tetanizada de los risorios de Santorini y el gran cigomático, bien de causa congénita o adquirida. Por su parte, el Dr. Borkowski descubre bajo el labio inferior de la joven una lesión cicatricial posiblemente secundaria a un traumatismo bucal con pérdida de piezas dentales, lo que ocasionaría la ausencia de sonrisa franca y la presencia de su característica boca. A este respecto, el Dr. Gargantilla diagnostica un bruxismo por estrés, lo que obligaba a la modelo a encajar bien ambos maxilares para evitarlo, aunque también apunta la posibilidad de que el gesto se deba a una falta de piezas dentales como consecuencia de las frecuentes piorreas de la época. Por otro lado, y en relación con ese peculiar esbozo de sonrisa, se ha lanzado la hipótesis de un ennegrecimiento de las piezas dentales por el tratamiento con mercuriales de la sífilis que padecería la modelo. También comparten el bruxismo por estrés, bien del continuo posar o por el reciente fallecimiento de un hijo, el prof. Miguel Lucas y el Dr. Filippo Surano. La esclerodermia, de mayor incidencia femenina, es otra patología identificada según el aspecto tenso y adherido a planos profundos de la piel de la cara, cuello, pecho y manos, junto con finos labios y un cierto fruncimiento de la boca. El Dr. Daudén Sala, dermatólogo, deteniéndose sobre todo en la ausencia de pelo en cejas y pestañas, habla de un defluvium capillorum, una alopecia universal debida a un estrés emocional mantenido, por lo que debemos suponer que la cabellera de la modelo sería una cuidada peluca. El Dr. Dequeker, en relación con un posible xantelasma situado en la proximidad del lagrimal izquierdo y un lipoma de unos tres centímetros de largo en el dorso de la mano derecha por debajo del dedo índice, diagnostica una hiperlipemia o hipercolesterolemia familiar tan severa como para haberle ocasionado la muerte con sólo treinta y siete años. Aunque este autor no detecta la presencia de arco corneal, el especialista japonés, Dr. Nakamuro, habla de coloración débilmente amarillenta de la conjuntiva del ojo izquierdo por consumo excesivo de grasas, pero esta heterocromía del iris es interpretada por el Dr. Rodríguez Cabezas como una iridociclitis heterocrómica de Fuchs, donde se asocian la citada heterocromía, uveítis y cataratas. En cuanto al lipoma antes citado, el Dr. Santiago Tamames amplía las posibilidades de dicha lesión nodular a un fibroma, un lipofibroma o simplemente a una elevación fisiológica de la eminencia tenar por la característica disposición de las manos. En relación con esta postura, donde la mano derecha aparece como sujetando a la izquierda, dando la impresión de aferrarse al brazo de la butaca, se ha interpretado como el intento por controlar un temblos de tipo parkinsoniano o también como una siringomielia con atrofia de Aran-Duchene unilateral de esta mano izquierda, de aspecto en garra y con marcada flexión de los dedos índice, medio y anular por retracción de la aponeurosis palmar. Tomando como punto de partida su expresión facial y lo que considera un desplazamiento asimétrico de la sonrisa al lado izquierdo, el Dr. Lay-Son habla de un tic distónico perioral, que sumado a la ausencia de cejas por una posible tricotilomanía, una dificultad de la modelo para mantener la atención y la concentración, o sea, una inquietud motriz, esto último apoyado en el manido relato vasariano de los músicos, cantantes y bufones contratados por Leonardo para entretener y hacer sonreír a la modelo, diagnostica un síndrome de Gilles de la Tourette. La pseudosonrisa, como la describe el Dr. Pastore, sería en su opinión el gesto forzado por la disnea de una mujer con un cuadro de dificultad respiratoria, un estado asmático que comparte el Dr. Schiarelli y al que se añade cierto estado depresivo. Esbozo de sonrisa que Freeman identifica como típica de la sordera, el prof. Royo-Villanova de ligeramente achispada o etílica, mientras otros ven la sonrisa vacía de la estúpida felicidad presente en la oligofrenia o la debilidad mental."


¡Impresionante!


Esto es lo que ocurre si tu retrato se convierte en una de las obras de arte más importantes de la historia y está expuesto públicamente a la opinión de los médicos. Pueden decir que estás embarazada o que sufres una insuficiencia ovárica; que te han quedado secuelas de una parálisis facial; que te faltan dientes o que se te han estropeado por culpa de los tratamientos antisifilíticos y por eso no te atreves a sonreír abiertamente; por eso, o porque te lo impide el bruxismo que padeces a causa del estrés; estrés que puede haberte hecho perder el pelo o que padeces tricotilomanía; que tienes el colesterol por las nubes; te diagnostican una atrofia muscular progresiva; que no puedes evitar los tics nerviosos o el síndrome de Gilles de la Tourette; que te aqueja una grave insuficiencia respiratoria; que estás deprimida; que estás sorda; que eres oligrofénica; o, incluso, que te has pasado con la bebida (lo cual, si tenemos en cuenta que Leonardo tardó casi tres años en pintar el cuadro, da bastante que pensar).


En fin... Como el mismo Martínez García apunta: "...el resultado se manifiesta como un auténtico compendio de medicina interna. Y aunque en nuestra profesión estamos acostumbrados a las inverosimilitudes, parece bastante improbable la ocurrencia simultánea de tal cúmulo de patologías en la aparentemente joven que posó para Leonardo."


El artículo completo se puede leer pulsando sobre el siguiente enlace:




Naturalmente, nuestro habitual final musical no podía ser otro que un fragmento de la célebre ópera de Amilcare Ponchielli y Arrigo Boito, La Gioconda. Y, concretamente, su melodía más conocida: "La Danza de las Horas" (en versión Disney).


BIBLIOGRAFÍA
MARTÍNEZ GARCÍA, A. (2006): "La Mona Lisa: un compendio de Medicina Interna". An. Med. Interna, 23, 3: 139-141. [Disponible en: http://scielo.isciii.es/pdf/ami/v23n3/humanidades.pdf; consultado el 17 de diciembre de 2011].

16 de diciembre de 2011

La mirada de Mona Lisa y una nueva iniciativa con el objetivo de promover el humanismo en medicina: "Mírame, diferenciate"


Leonardo da Vinci (1452-1519). La Gioconda (1503-1506). Detalle
Óleo sobre tabla de álamo. 77 x 53 cm. (Obra completa)
Museo del Louvre. París

No creo que haya una mirada más famosa en la historia del arte que la de Mona Lisa. Más de cinco siglos han pasado desde que el genial Leonardo da Vinci la pintara y todavía hay quien quiere descubrir en ella códigos secretos. La Gioconda sigue siendo un misterio sin resolver. Pero no la traigo hoy aquí por eso. Ni siquiera, como sería más propio de este blog sobre Medicina y Arte, por esa hiperlipemia de la modelo que tantos autores han mencionado, y que se pondría de manifiesto, entre otras cosas, por un posible xantelasma en la proximidad del lagrimal izquierdo. Los ojos de Mona Lisa dan inicio a esta entrada por esa peculiaridad tan suya: la que hace que, la miremos desde donde la miremos, ella nos devuelva siempre su enigmática mirada.


Mirar a los ojos, ese sencillo gesto que por diversos motivos tantas veces falta, es lo que nos propone a los sanitarios una iniciativa promovida en Internet por un grupo de compañeros, con el fin de humanizar nuestra relación con el paciente en el ámbito de la medicina actual socializada y tecnificada. Humanizar... que no es poco. Una iniciativa a la que, desde ahora mismo, me uno.




Para saber más sobre esta iniciativa, véase: Mírame, diferénciate.

6 de diciembre de 2011

¿Aparecen un ángel y un pastor con síndrome de Down en una pintura flamenca del siglo XVI sobre "La Adoración del Niño Jesús"?


Discípulo de Jan Joest van Kalkar. "La Adoración del Niño Jesús" (c.1515)
Óleo sobre tabla. 104,1 x 71,8 cm.
The Metropolitan Museum of Art. Nueva York

Dicen que el médico británico John Langdon Haydon Down (1828-1896) se extrañaba de que nadie hubiera descrito antes de que lo hiciera él, en 1866, la anomalía que actualmente se conoce con su epónimo. ¡Claro! En su época no existía Internet, que hoy nos permite volar -más que navegar- por una inabarcable cantidad de información. Entonces, ni siquiera John Shaw Billings (1838-1913) había creado todavía, en la Library of the Surgeon General's Office, la que luego sería la Army Medical Library, que acabaría transformándose en la National Library of Medicine, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos de América, el famoso Index Medicus, nacido en 1879, la primera gran base de datos de publicaciones científicas, el origen de MEDLINE y PubMed. Down no sabía que el francés Jean-Étienne Dominique Esquirol (1772-1840), uno de los fundadores de la psiquiatría, ya lo había hecho -aunque no con tanto detalle como él- en 1838. Ni que otro francés, Édouard Seguin (1812-1880), pionero también entre los médicos europeos que emigraron a los Estados Unidos de América para desarrollar allí su ejercicio profesional, ya había hablado de ello en diversos trabajos durante los años cuarenta del siglo XIX. Aunque no sería hasta una fecha mucho más reciente, en el año 1958, cuando otro francés más, el médico genetista Jérôme Lejeunne (1926-1994) y su equipo descubrieran la alteración cromosómica que produce la Trisomía 21.


En su "Observations on an Ethnic Classification of Idiots", un artículo publicado en 1866 -como ya se ha dicho- en la revista London Hospital Reports, Down, reconocido seguidor de las teorías darwinianas, establece una clasificación de las personas con retraso mental en función de sus características étnicas. Entre las categorías propuestas, la que se hizo más popular fue la que él denominó "idiocia mongoloide", por las similitudes faciales con las razas nómadas del interior de Mongolia. Al describir a los niños incluidos dentro de dicha categoría, entre otras cosas, escribía: "El pelo no es negro, como el de los verdaderos mongoles, sino de un color oscuro, lacio y escaso. El rostro es aplastado y ancho y carente de prominencias. [...] Los ojos están colocados de forma oblicua [...]. La hendidura palpebral es muy estrecha. [...] La nariz pequeña..."(1)


Pero, si Down no conocía los trabajos de Esquirol o Seguin, menos aún podía suponer que, a lo largo de la historia, los artistas hubieran representado en diversas ocasiones a niños que, posiblemente, estaban afectados por el síndrome que lleva su nombre. Entre esas representaciones destaca la que da inicio a esta entrada, un cuadro de principios del siglo XVI, obra de un desconocido discípulo del pintor flamenco Jan Joest (c.1455-1519), conocido como "La Adoración del Niño Jesús" (c.1515), que se encuentra en el Metropolitan Museum of Art, de Nueva York.


Este cuadro se menciona por primera vez en las revistas médicas -que sepamos- en el año 2003, en un artículo publicado por Levitas y Reid en el American Journal of Medical Genetics(2), y en otro de Dobson en el British Medical Journal(3).

En ambos artículos se señala como, al lado de la Virgen María, hay un ángel que muestra algunos de los rasgos físicos característicos de los niños con síndrome de Down: perfil facial plano, braquiocefalia (predominio del diámetro transversal de la cabeza), hendiduras palpebrales oblicuas y epicanto (repliegue cutáneo que cubre el ángulo interno de los ojos), raíz nasal deprimida, cuello corto y ancho, y manos más pequeñas de lo esperado. Características similares se pueden ver en el pastorcillo situado al fondo, arriba, en la parte central. Realmente, es imposible asegurar que el ángel y el pastor tuvieran el síndrome de Down; pero, suponiendo que así fuera, se piensa que los niños que sirvieron como modelo al desconocido pintor habrían podido formar parte de su entorno más cercano, incluso de su propia familia; donde, si no sufrían un retraso mental muy marcado, podrían haber desarrollado su vida con normalidad.


Según la prensa, en España, durante las últimas décadas, el número de nacidos con síndrome de Down ha disminuido en un 30%.(4) Sería una buena noticia si estuviésemos hablando de una enfermedad stricto sensu. Pero, somos de los que pensamos que, a pesar de la discapacidad cognitiva y las patologías asociadas que con frecuencia padecen las personas con Trisomía 21, el síndrome de Down es una anomalía genética no una enfermedad.


Cualquier momento es bueno, pero la Navidad nos parece una ocasión ideal para seguir proclamado el derecho a la vida de los no nacidos, y dedicar un recuerdo especial a esas estupendas personas que conozco con síndrome de Down. Para ellos, y para todos los que me hacen el honor de visitar este blog, sea este precioso cuadro la imagen de mi felicitación navideña. La música la pone Arcangelo Corelli, con su Concerto Grosso Op. 6 núm. 8 "Fatto per la notte di Natale", en una magnífica interpretación de la Freiburger Barockorchester.


¡FELIZ NAVIDAD y todo lo mejor para el nuevo año 2012 (que falta nos hace)!


BIBLIOGRAFÍA
(1) DOWN, J. L. H. (1866): "Observations on an Ethnic Classification of Idiots". London Hospital Reports, 3: 259-262. [Disponible en: http://th-hoffmann.eu/archiv/down/down.1866b.pdf; consultado el 6 de diciembre de 2011].
(2) LEVITAS, A. S. y REID, C. S. (2003): "An Angel with Down Syndrome in a sixteenth century Flemish Nativity painting". Am. J. Med. Gen. Part A, 116A, 4: 399-405. [Abstract disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12522800; consultado el 6 de diciembre de 2011].
(3) DOBSON, R. (2003): "Painting is earliest example of portrayal of Down's syndrome". BMJ, 326, 3: 126. [Disponible en: http://www.bmj.com/content/326/7381/126.3.full; consultado el 6 de diciembre de 2011].
(4) RUIZ DEL ÁRBOL, M. (2008): "El aborto hace caer el síndrome de Down. El número de nacidos con la anomalía se reduce un 30%". El País.com. [Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/aborto/hace/caer/sindrome/Down/elpepisoc/20080519elpepisoc_5/Tes; consultado el 6 de diciembre de 2011].


ENLACES DE INTERÉS
CALHEIROS VIANA, R. (2011): "Síndrome de Down numa Pintura do Séc. XVI". Arte Médica. [Disponible en: http://medicineisart.blogspot.com/2011/03/sindrome-de-down-numa-pintura-do-sec.html; consultado el 6 de diciembre de 2011].

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