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9 de mayo de 2011

Un hospital de Granada


John Singer Sargent (1856-1925). Hospital at Granada (1912)
Óleo sobre lienzo. 52,1 x 69,8 cm.
National Gallery of Victoria. Melbourne (Australia)

El pintor John Singer Sargent se pasó la vida viajando. De hecho, tuvo el privilegio de nacer en Florencia, el 12 de enero de 1856, mientras sus padres estaban de viaje por Europa. Aunque nunca dejó de ser norteamericano, sólo vivió algunas temporadas en los Estados Unidos. Su residencia habitual se encontraba en Europa. Empezó su formación en Italia, empapándose de la obra de Tintoretto, Miguel Ángel y Tiziano y la continuó en Francia, con su maestro Carolus-Duran, que le transmitió su pasión por Velázquez. París, Florencia, Londres (donde fallecería el 14 de abril de 1925), Venecia, el Tirol, el Próximo Oriente, el norte de África, Corfú... Montana, Maine y Florida, en los Estados Unidos... España... Por todos esos lugares, y más, transcurrió la vida de Sargent y de todos dejó testimonio en su inmensa obra: más de novecientos óleos, más de dos mil acuarelas, murales, sus célebres y caros "mugs" (retratos rápidos al carboncillo) y algunas esculturas... Era un trabajador incansable. Retratista cotizado, excelente paisajista, muralista... Se puede decir que abarcó todo lo que se puede abarcar en el ámbito de la pintura y todo lo hizo bien.


A España viajó por primera vez en octubre de 1879. Estuvo en Madrid alrededor de un mes dedicado casi exclusivamente al estudio de Velázquez, del que realizó copias en el Museo del Prado. Después visitaría Granada, Ronda y Sevilla. De esa estancia en Andalucía extrajo el material necesario para El jaleo (1882), el cuadro con el que obtuvo su primer gran éxito en el salón parisino. La relación de Sargent con España no se rompió jamás. Volvió a viajar a nuestro país al menos en otras cinco ocasiones entre 1892 y 1912; manteniendo relaciones de amistad con Joaquín Sorolla, Aureliano de Beruete, Manuel Bartolomé Cossío y otros intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza. En esa época llegó a convertirse en propagandista de El Greco, por quien llegó a sentir la misma admiración que ya sentía por Velázquez.


De aquella visita a España en 1912, probablemente, surgió el cuadro al que dedicamos esta entrada, Hospital at Granada, que se expone actualmente en un lugar tan lejano como Melbourne (Australia), en la National Gallery of Victoria. Creo no equivocarme al afirmar (y si lo hago, corríjanme, por favor) que el hospital pintado por Sargent es el Hospital de San Juan de Dios, un edificio emblemático para Granada, para Andalucía, para España y para la Orden; que ha llegado a ser el segundo hospital más antiguo de Europa en activo; y que, en la actualidad, sufre graves dificultades atribuidas a la crisis económica que azota a nuestro país: aunque confiamos en que -con la necesaria colaboración de todos- los Hermanos de San Juan de Dios sean capaces de salir adelante, como lo han hecho siempre desde su fundación por Juan Ciudad a mediados del siglo XVI.


La escena tiene lugar en una galería de la primera planta del Hospital. Llama la atención la belleza de los detalles arquitectónicos y el gran número de cuadros colgados de las paredes (así ha sido hasta no hace mucho, según tengo entendido). Pero, sobre todo -a mí, al menos- me impresiona la gente... Un grupo no inferior a veintidós personas -entre enfermos, familiares y acompañantes- se encuentra en esa galería para recibir el sol de la mañana y el aire limpio de Granada. En primer plano destacan un padre con su hijo pequeño y un enfermo postrado en una camilla. Atrás, a la izquierda, entre los que están apoyados en la pared, me parece ver unas muletas descansando sobre ella. Algunos hablan. La mayoría, simplemente, espera... aprovechando la calidez de ese sol que Sargent es capaz de hacernos sentir en nuestra propia piel, magistralmente plasmado mediante luces y sombras. No hay médicos ni otro personal sanitario. No hay camas. Tampoco hacen falta para recrear la atmósfera de ese hospital de principios del siglo XIX. Allí el sol y el aire de Granada forman parte del tratamiento.


Si John Singer Sargent supo mostrarnos la luminosidad del día granadino, nadie mejor que el gaditano Manuel de Falla, tan vinculado también a Granada, para hacernos escuchar los misterios de su noche. Falla compuso sus Noches en los jardines de España entre 1909 y 1915, esto es, en la misma época en que Sargent pintaba el cuadro. YouTube no permite insertar la mejor versión que conozco (gracias a mi amigo José Manuel Brea), la que interpreta Alicia de Larrocha con la Orquesta Sinfónica de Montreal, dirigida por Charles Dutoit, que grabaron en la Alhambra Larry Weinstein y Nev Fichman; pero pueden ver y escuchar el primer movimiento, "En el Generalife" (Allegro tranquillo e misterioso), pulsando en el enlace de abajo. Recomiendo ajustar el sonido al gusto propio y verlo a pantalla completa.


Enlaces de interés
1) Sobre John Singer Sargent:
JSS Virtual Gallery
John Singer Sargent The Complete Works
Museo Nacional del Prado
2) Sobre el Hospital de San Juan de Dios de Granada:
HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS, Granada
Ideal.es, 30 de marzo de 2007 (vídeo)
Ideal.es, 12 de junio de 2010
AndalucíaNoticias.es, 8 de marzo de 2011


Bibliografía
ÁLVAREZ LOPERA, José (s.f.): "Sargent, John Singer". Enciclopedia online. Museo Nacional del Prado. [Disponible en: http://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/sargent-john-singer/; consultado el 9 de mayo de 2011].

5 de mayo de 2011

Medicina a través del arte...


José Celestino Mutis
Cádiz (España), 1732 - Santa Fe de Bogota (Colombia) , 1808

Hoy quiero compartir con los amigos de Medicina y Arte la satisfacción por el nacimiento de un nuevo "blog" sobre nuestra materia. Toño Gómez, un estudiante de medicina colombiano que empieza a ser un digno médico humanista, ha iniciado la publicación de su Medicina a Través del Arte. Tras una breve introducción en la que ha tenido la amabilidad de dedicarme unas palabras -las cuales le agradezco sinceramente- nos deja una muy interesante entrada sobre el pintor Giorgio de Chirico y la migraña.

Adjunto un enlace al "blog" de Toño, con la recomendación de visitarle:


Pienso que mi paisano José Celestino Mutis, médico, sacerdote, botánico y docente, que estudió en el Real Colegio de Cirugía de la Armada, de Cádiz, y en la Facultad de Medicina de Sevilla, pero que desarrolló la mayor parte de su labor científica en el entonces llamado Nuevo Reino de Granada, podría sentirse muy contento también...

Y para celebrarlo con música, lo hacemos con una versión de "Colombia tierra querida", la famosa composición del maestro Lucho Bermúdez, dirigida por el venezolano universal Gustavo Dudamel.


30 de abril de 2011

Goya atendido por el doctor Arrieta


Francisco de Goya (1746-1828). Autorretrato con el doctor Arrieta (1820)
Óleo sobre lienzo. 114,62 x 76,52 cm.
Minneapolis Institute of Arts. Minnesota

A finales de 1819, don Francisco de Goya y Lucientes sufrió una grave enfermedad de la que no tendríamos noticia -al contrario que otros episodios de la "patobiografía" del artista- si no fuera por la pintura que él mismo nos dejó como testimonio de agradecimiento al médico que le atendió: el doctor don Eugenio García Arrieta. Se ha especulado mucho sobre cual fue esa enfermedad. Las hipótesis más probables nos hablan de un padecimiento cerebro-vascular o de una afección infecciosa. Así, por ejemplo, el Profesor García-Conde Gómez, decía:
"Goya debió sufrir entonces, como en épocas posteriores, crisis de insuficiencia cerebro-vascular transitoria como fondo de una ateromatosis generalizada. La medicación que D. Eugenio García de Arrieta le administra en el cuadro debe ser valeriana..."(1)


En cambio, el Profesor Gómiz León, nos recuerda la posible etiología infecciosa y afirma:
"Según documentos que permanecieron en poder de los descendientes de Arrieta, se habla en ellos de fiebres tifoideas (tubardillo)[sic], y que Goya presentó cefalea, fiebre alta, delirios y parálisis parcial".(2)


Quizás nunca sepamos con certeza cual fue la enfermedad que, entonces, llevó a Goya muy cerca de la muerte. Lo cierto, por ahora, es el testimonio que el propio pintor dejó escrito en el cuadro:
"Goya agradecido á su amigo Arrieta por el acierto y esmero con qe le salvó la vida en su aguda y peligrosa enfermedad, padecida á fines del año 1819 a los setenta y tres años de su edad. Lo pintó en 1820".


El artista se representa a sí mismo moribundo, pálido, con la boca entreabierta y la mirada extraviada; aunque aferrándose a la vida como a la blanca sábana que le cubre hasta la cintura. Él, que como tantos otros literatos y pintores en el Antiguo Régimen había satirizado a los médicos en su obra anterior, se muestra ahora apoyado en su médico y amigo, el doctor Eugenio García Arrieta, al que retrata con humanidad pero no exento de firmeza en su oficio, mientras le sujeta y le ofrece un vaso con la medicina... Tras ellos, en el fondo oscuro, se vislumbran tres rostros que han sido objeto, también, de las más diversas interpretaciones: desde que podían ser familiares o personal de servicio hasta -y ésta es la más frecuente- que se trataba de las mismísimas Parcas. Para muchos, este cuadro se podría considerar un exvoto laico que Goya ofrecía a su médico.(3)


Sobre Eugenio García Arrieta no es mucho lo que podemos decir. Se sabe que nació en Cuéllar (Segovia), el 15 de noviembre de 1770; que ejerció la medicina en Madrid, atendiendo a una distinguida clientela; que, posiblemente, era hermano del escritor Agustín García Arrieta, primer director de la Biblioteca de la Universidad de Madrid; y que, en 1820, poco después de haber curado a Goya, fue comisionado por el Gobierno español para estudiar "la peste de Levante" en las costas de África, donde probablemente falleció. Resulta paradójico, pero todo parece indicar que el anciano Goya sobrevivió en ocho años a su médico, a pesar de sus enfermedades y de ser veintitrés años mayor que él.


Cabe añadir que, recientemente, además del único original conocido hasta ahora del cuadro con el que se abre esta entrada, que se encuentra en el Minneapolis Institute of Arts, se ha hecho público otro similar, procedente de la colección particular del Marqués de Remisa, que se expone actualmente en el Museo de Bellas Artes de Álava. Incluso se sospecha que hay un tercero en Irún. ¿Serán los tres de Goya?


Finalmente, como me gusta acabar -siempre que es posible- con un aderezo musical, me ha parecido oportuno insertar en esta ocasión una pieza de otro ilustre sordo genial a la altura de nuestro pintor: el primer movimiento de la sonata para piano número 23 en fa menor Opus 57, la Appassionata, de Ludwig van Beethoven, interpretado por Valentina Lisitsa. Sirva como homenaje a Goya y al doctor Arrieta.






Notas bibliográficas
(1) GARCÍA-CONDE GÓMEZ, F. J. (1994): La estimación social del médico en relación con su eficacia. Discurso leído en la solemne sesión inaugural del curso académico 1994, celebrada el día 11 de enero. Madrid, Instituto de España, Real Academia Nacional de Medicina: 8. [Disponible en: http://books.google.es/books?id=JoQd01X06HIC&pg=PA8&lpg=PA8&dq=Goya+Arrieta+vascular&source=bl&ots=ZTw6qX50L8&sig=vmy4OXGjGin4sTOI531EGlMwQnI&hl=es&ei=tw-6TYDJK4qb8QPkzeRe&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=5&sqi=2&ved=0CEAQ6AEwBA#v=onepage&q=Goya%20Arrieta%20vascular&f=false; consultado el 29 de abril de 2011].
(2) GÓMIZ LEÓN, J. J. (2007): "Goya y su sintomatología miccional de Burdeos, 1825". Arch. Esp. Urol. 60, 8: 923. [Disponible en: http://scielo.isciii.es/pdf/urol/v60n8/historia8.pdf; consultado el 30 de abril de 2011].
(3) WINKLER, M. G. (1998): "Goya Attended by Dr. Arrieta". Literature, Arts and Medicine Database. [Disponible en: http://litmed.med.nyu.edu/Annotation?action=view&annid=10321; consultado el 30 de abril de 2011].

22 de abril de 2011

La muerte de Bichat


Louis Hersent (1777-1860). La muerte de Bichat (1802)
rodeado por sus amigos, los doctores Esparron y Roux.
París. Biblioteca de la Facultad de Medicina.
Imagen: WikiGallery.org

Cuando murió François Xavier Bichat (1771-1802) tenía sólo 31 años de edad. Pero, a pesar de su juventud, era ya una de las principales figuras de la medicina francesa -la más avanzada de la época-, exponente máximo del pensamiento vitalista en medicina, y creador de la mentalidad anatomoclínica (la que llegaría a España a través de Francisco Javier Laso de la Vega y el Periódico de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz); una de las tres mentalidades (junto a la fisiopatológica y la etiopatológica) sobre las que se sustenta, según Laín Entralgo, la estructura de la patología y de la clínica contemporáneas. La mentalidad anatomoclínica surge en 1801 -como señala José Luis Fresquet- al afirmar Bichat "...que la medicina alcanzaría rigurosidad científica cuando se estableciera una relación cierta entre la observación clínica de los enfermos y las lesiones anatómicas que la autopsia descubre después de la muerte".(1)

Existen diversas versiones sobre las causas de la muerte de Bichat. Hay quien la vincula con una supuesta punción accidental que habría sufrido mientras realizaba alguna de las innumerables disecciones que practicó a lo largo de su vida. Cuenta Nicolas Dobo que siendo todavía un niño ya diseccionaba gatos y acompañaba a su padre, que también era médico, cuando debía llevar a cabo una autopsia. Luego, en su ejercicio profesional, ya fuera con su maestro Desault, como cirujano en el Hôtel Dieu, o como docente en la escuela anatómica privada que creó, no paró jamás de hacer disecciones; hasta tal punto que -según apuntan varios autores- sólo en el último invierno de su vida disecó cerca de seiscientos cadáveres. Y eso que dicha actividad llegaría a causarle serios disgustos, como en aquella ocasión en la que fue detenido junto a dos de sus colaboradores al sorprenderles la policía en posesión de seis cadáveres que se habían llevado del cementerio.(2) Sin embargo, lo más probable es que la temprana muerte de Bichat se debiera a la tuberculosis, la "gran plaga blanca", que llegaría a alcanzar durante el siglo XIX sus más elevadas tasas de morbilidad y mortalidad. Una enfermedad para la cual, en tiempos de Bichat, no había tratamiento, ni se conocían con certeza sus mecanismos de transmisión: ni siquiera existía el vocablo "tuberculosis".

A pesar de su enfermedad, el joven médico trabajaba día y noche: el hospital, las clases, las autopsias... Entre 1800 y 1802 publicó buena parte de sus principales obras: Traité des membranes en général et diverses membranes en particulier (1800); Recherches physiologiques sur la vie et la mort (1800); Anatomie générale, appliquée à la physiologie et à la médecine, en dos volúmenes (1801); y algunos de los cinco volúmenes de su Traité d'anatomie descriptive (1801-1803). Últimamente se le veía cansado, agotado, consumido por el trabajo y la enfermedad... Todo indica que llegó a padecer una de las complicaciones menos frecuentes de la tuberculosis pulmonar, la meningitis, que un día le hizo perder el conocimiento y caer por las escaleras del hospital. Nunca se recuperó, falleciendo poco tiempo después, el 22 de julio de 1802.


Louis Hersent (1777-1860), un pintor que destacó -sobre todo- en tiempos de la Restauración francesa, representó la muerte de Bichat en el cuadro que encabeza esta entrada, y que se encuentra en la Facultad de Medicina de París. En medio de una gran habitación, la cual más que un dormitorio parece una biblioteca, por las enormes estanterías repletas de libros que aparecen al fondo, vemos a Bichat encendido por la fiebre, sudoroso, demacrado, agonizando en la cama. La escena se ilumina por la tenue luz de una vela situada sobre una mesa auxiliar. En la mesa hay también una jarra para el agua, algunos paños, un recipiente, un bol -posiblemente  usado para contener el ligero alimento que se le ha querido dar- y un frasco de jarabe, un calmante -quizás- o un antipirético. Bichat no tenía familia, había entregado su vida entera a la medicina. En el momento de su muerte -según el cuadro de Hersent- le acompañan solamente dos de sus discípulos, que eran a la vez sus amigos, los doctores Pierre Jean Baptiste Esparron (1776-1818), de quien sólo sabemos que publicó, en 1803, un Essai sur les ages de l'homme, y el más conocido Philibert Joseph Roux (1780-1854), considerado como uno de los pioneros de la cirugía plástica. Uno le toma la mano con afecto, mientras le aplica un lienzo sobre la frente para enjugar el sudor. El otro le observa apesadumbrado.


En memoria de Bichat, concluimos esta entrada con la Marcha Fúnebre de Luigi Cherubini (1760-1842), un compositor italiano, contemporáneo suyo, que pasó gran parte de su vida en Francia, en los tiempos en que París -como en la medicina- se había convertido en el centro musical del mundo.


Bibliografía:
(1) FRESQUET, José L. (2000): "François Xavier Bichat (1771-1802)". Historia de la Medicina - Biografías. [Disponible en: http://www.historiadelamedicina.org/bichat.html; consultado el 22 de abril de 2011].
(2) DOBO, Nicolas (s.f.): "Xavier Bichat (1771-1802). La vie fulgurante d'un génie". Resumen de: DOBO, Nicolas y ROLE, André (1989): Bichat: La vie fulgurante d'un genie. Paris, Perrin. [Disponible en: http://www.bium.univ-paris5.fr/histmed/medica/bichat/bichat02.htm; consultado el 22 de abril de 2011].

17 de abril de 2011

¿Qué pinta un rinoceronte en un tratado de anatomía humana?


Jan Wandelaar (1697- 1759). Musculorum Tabula IV (1747)
56,4 x 40,2 cm.
En: ALBINUS, Bernard Siegfried (1747): Tabulae sceleti et musculorum corporis humani.
Leiden, prostand apud Joannen & Hermannum Verbeek Bibliop.

La ilustración que acabamos de ver fue criticada en su época. ¿Cómo podía ocurrírsele a alguien representar un animal como ese, en medio de un jardín, en algo tan serio como un libro de anatomía humana del siglo XVIII? ¡Siempre hay "críticos" para todo!


Pero, vayamos por partes...


La rinoceronte se llamaba Clara. Era una rinoceronte hembra nacida en la India, en 1738. Cuando tenía aproximadamente un mes de edad, unos cazadores mataron a su madre y la pequeña fue "adoptada" por el director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en Bengala, Jan Albert Sichterman, quien la crió en su casa durante dos años, hasta que el animal se hizo demasiado grande para permanecer allí. Entonces, se la vendió o se la regaló al capitán Douwemout van der Meer, que se la llevó a los Países Bajos, donde llegó, concretamente al puerto de Róterdam, el 22 de julio de 1741. Van der Meer convirtió a Clara en una "atracción de feria" y viajó con ella por distintos países de Europa: Alemania, Austria, Polonia, Francia, Italia e Inglaterra. En Inglaterra, precisamente, moriría la rinoceronte, el 14 de abril de 1758, a los 21 años de edad.

Carel de Moor (1656-1728). Bernhard Siegfried Albinus (1697-1770)
Grabado por Ambroise Tardieu (1788-1841). 10,1 x 7,6 cm. (óvalo)
Tomado de la colección digital: Smithsonian Institution Libraries

Bernhard Siegfried Albinus nació en Fráncfort del Óder, una ciudad de Brandeburgo (Alemania), el 24 de febrero de 1697. A los cinco años se trasladó a Leiden, donde su padre, Berhardus Albinus (1653-1721) uno de los médicos más famosos de su tiempo, había sido nombrado profesor de la Universidad. Albinus, hijo, estudió en la Universidad de Leiden con figuras tan notables en la historia de la medicina como Govard Bidloo (1649-1713), Johannes Jacobus Rau (1668-1719), Fredericus Dekkers (1644-1720) y el más destacado de todos ellos, Hermann Boerhaave (1668-1738). Luego marchó a París, para ampliar su formación, pero pronto regresó a Leiden y a su Universidad, donde empezó a impartir clases de cirugía y anatomía en 1721, a los 24 años de edad. Allí permaneció hasta su muerte, el 9 de febrero de 1770, después de haberse convertido en uno de los más importantes anatomistas del siglo XVIII. Entre sus publicaciones se encuentran la Historia musculorum hominis (1734), Icones ossium foetus humani (1737), y nuevas ediciones de las obras de Bartolomeo Eustachio (más conocido, en español, como Eustaquio) y, junto a Boerhaave, las de Andreas Vesalius o Vesalio y William Harvey. También fue el primero en demostrar la relación entre el sistema vascular de la madre y del feto.


Pero Bernhard Siegfried Albinus es conocido, sobre todo, por su monumental Tabulae sceleti et musculorum corporis humani, publicado en Leiden en 1747. El artista grabador, amigo y colaborador de Albinus durante más de treinta años se llamaba Jan Wandelaar (1690-1754 o 1759). Se dice que, para hacer mejor el trabajo, Wandelaar vivía en la casa de Albinus, y su amistad llegó a ser tan grande que el médico llegó a sufrir una fuerte depresión tras la muerte del artista. 


A la exactitud anatómica en la representación de huesos y músculos, Wandelaar, con la aquiescencia de Albinus, dotó a su obra de una elegancia especial. Los esqueletos adoptan posturas que parecen darles vida, juega inteligentemente con las luces y las sombras, logrando efectos aparentemente tridimensionales, y los sitúa en bellos espacios, como el jardín que aparece en esa Tabula IV que veíamos al principio; donde, además, para mayor interés, representa a la gran maravilla de la naturaleza que acababan de conocer y a todos había impresionado: Clara, la rinoceronte.


Como homenaje a Albinus y Wandelaar (y también -por qué no- a la rinoceronte Clara) finaliza esta entrada con una de las piezas más conocidas y versionadas de la música barroca, el Canon en Re mayor de su contemporáneo Johann Pachelbel.




Enlaces de interés:
LÓPEZ PIÑERO, José María (2003): Los saberes morfológicos y la ilustración anatómica desde el Renacimiento al siglo XX. Faximil Ediciones Digitales. [Disponible en: http://www.faximil.com/descargas/estudiopinero.pdf; consultado el 17 de abril de 2011].

3 de abril de 2011

El posible melanoma de María Josefa de Borbón pintado por Goya


Francisco de Goya (1746-1828). María Josefa de Borbón y Sajonia, infanta de España (1800)
Óleo sobre lienzo. 72 x 59 cm.
Museo del Prado. Madrid
(Pulsar sobre la imagen para ampliarla)

El 8 de diciembre de 1801, a los 57 años de edad, fallecía en Madrid la infanta doña María Josefa Carmela de Borbón y de Sajonia, dieciocho meses después de que don Francisco de Goya y Lucientes la retratara para el cuadro La familia de Carlos IV. En aquella fecha no podía atribuirse su muerte más que a causas naturales; pero sin determinar con exactitud la causa fundamental de la misma. Hoy, gracias a las extraordinarias dotes de observación del pintor de Fuendetodos y al absoluto realismo que  imprimió a su cuadro, pensamos que María Josefa pudo morir a causa de un melanoma que presentaba en su sien derecha.


La infanta, hermana de Carlos IV, hija de Carlos III y María Josefa Amalia de Sajonia, había nacido en Gaeta, a un centenar de kilómetros de Nápoles, el 6 de julio de 1744, cuando su padre era rey de Nápoles y Sicilia. Existen otros retratos de juventud, de María Josefa, obras de Bonito, Mengs o Tiepolo, algunos de ellos -ciertamente- más "idealizados" que éste que ahora nos ocupa. Según la página oficial del Museo del Prado, en el cuadro de Goya, la infanta:


"Ostenta la banda de la orden de Damas Nobles de la reina María Luisa, y sobre el pecho el borrón negro corresponde al lazo de la insignia de la Orden de Damas nobles del Imperio austríaco o Cruz Estrellada, que sólo recibían las damas de la familia real española. En la cabeza luce un tocado, a modo de turbante con una pluma de ave del Paraíso, y se adorna con ricos pendientes de diamantes." (1)


Pero, volviendo al posible melanoma de la infanta pintado por Goya, el Dr. Laurens P. White, médico de San Francisco (California), publicó en 1995 un comentario titulado "What the Artist Sees and Paints", en la revista Western Journal of Medicine, cuya traducción libre y apresurada podría ser así:


"Entre los años 1800 y 1801, Francisco de Goya pintó un gran retrato de grupo de la familia del rey Carlos IV de España. Incluída en este grupo está la hermana del rey, la infanta María Josefa, de 56 años de edad. En su sien derecha se ve un tumor grande y negro, probablemente un melanoma, seguramente del tipo léntigo maligno. Se pueden ver los bordes elevados del tumor. Y es sabido que la infanta murió por causas desconocidas seis meses después de que la pintura hubiese sido acabada. Por diversas razones podemos especular sobre la causa de su muerte pero no podemos afirmarla con certeza.

Los artistas a menudo ven y pintan la realidad antes de que los médicos y científicos la reconozcan.

El melanoma es una enfermedad bien conocida desde hace tiempo. Se dice que fue descrito por Hipócrates, aunque no lo hizo. [...] El primero en reconocerlo como cáncer, fue Gioanni Carlo Brugnone, un veterinario de Turín, Italia, en 1781, que lo describió en caballos, generalmente viejos caballos de color claro. El primero en reconocerlo como un tipo de cáncer en humanos fue René Laënnec, en 1807; aunque Everard Home, en 1805, ya distinguía distintos tipos de cáncer, uno de los cuales, según se comprobó años después, había sido el melanoma. La introducción del uso del microscopio en patología a mediados del siglo XIX contribuyó a establecer el diagnóstico del melanoma en humanos.

Una de las razones por las que Goya es uno de los más grandes pintores del mundo es porque en sus retratos lo reflejaba todo, con tanta fidelidad, que era capaz de pintar un cáncer en una princesa real. Otros muchos artistas lo hubieran disimulado o eliminado en la versión definitiva de sus cuadros. Goya era distinto. Posiblemente, pintó el retrato de una mujer con melanoma seis años antes de que uno de los médicos más importantes y cuidadosos describiera por primera vez la enfermedad."(2)


Notas:
(1) GALERÍA (2011): "Galería online". Museo Nacional del Prado. [Disponible en: http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/maria-josefa-de-borbon-y-sajonia-infanta-de-espana/; consultado el 3 de abril de 2011].
(2) WHITE, L. P. (1995): "What the Artist Sees and Paints". West. J. Med. 163, 1: 84-85. [Disponible en:  http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1302934/pdf/westjmed00358-0086.pdf; consultado el 3 de abril de 2011].

27 de marzo de 2011

Los primeros casos conocidos del síndrome de Ambras


Retrato de autor anónimo. Petrus Gonsalvus (c. 1580)
Óleo sobre lienzo. 190 x 80 cm.
Kunsthistorisches Museum. Viena

No han pasado todavía veinte años desde que los alemanes Baumeister et al.(1), en 1993, describieron por primera vez el síndrome de Ambras, una rara variante (el número de casos documentados en la literatura médica no llega a los cincuenta) de hipertricosis universal congénita, debido a una alteración genética del cromosoma 8(2); aunque su epónimo hace referencia a una serie de pinturas, datadas en el último tercio del siglo XVI, que se encontraban en el castillo del mismo nombre.

El síndrome de Ambras se caracteriza porque las personas afectadas presentan un vello largo, coloreado y grueso en todas las zonas pilosas de su cuerpo; especialmente abundante en la cara, orejas y hombros. En algunos casos puede haber dismorfismos, que afectan principalmente a los huesos faciales, dientes y dedos (polidactilia). Pero no hay alteraciones endocrinológicas ni en la capacidad intelectual.

La primera persona con síndrome de Ambras de la que ha quedado testimonio en la historia se llamaba Pedro González, aunque es más conocido como Petrus Gonsalvus, al modo latino: un canario nacido en la isla de Tenerife. Sobre su año de nacimiento tengo dudas. La mayoría de las referencias encontradas en Internet apuntan el año 1556. Pero esto es difícil de creer si aceptamos lo que dicen muchos, que Pedro fue llevado desde su isla canaria a la corte del rey de Francia, Enrique II, cuando todavía era un niño, y allí fue el mismo Rey quien se dio cuenta de que el pequeño "sauvage" no tenía "un pelo de tonto" -nunca mejor dicho- y le procuró una esmerada educación, sobresaliendo en el conocimiento de varias lenguas contemporáneas y latín, y entrando a su servicio en la mesa; porque Enrique II murió en 1559. Ciertamente, también hay quienes apuntan 1537 como año de nacimiento de Petrus Gonsalvus, lo cual me parece más probable. Habría que ver lo que dicen en sus respectivos libros el periodista canario Enrique Carrasco y el historiador del arte Roberto Zapperi, que son quienes han estudiado últimamente la biografía de Gonsalvus con mayor profundidad. Pero todavía no he podido hacerlo.


También es sabido -aunque yo no conozca con exactitud como fue- que después, Petrus Gonsalvus pasó de la corte francesa a la de Margarita de Austria, Duquesa de Florencia, Duquesa de Parma y Gobernadora de Flandes. Seguramente, durante su estancia en Flandes, Gonsalvus se casó con una joven del país (algunos dicen que era francesa), de la que todos destacan su belleza. Del matrimonio nacieron varios hijos. Dos de ellos, al menos, padecían el mismo síndrome que su padre.


No nos puede sorprender que los médicos de la época se mostraran enormemente interesados por la familia Gonsalvus. Se dice que fueron estudiados por Ambroise Paré, el gran cirujano francés y autor -entre otras muchas obras- de una sobre "monstruos y prodigios". Se dice que fueron estudiados por el profesor de la Universidad de Basilea, Felix Platter. Pero, los estudios más conocidos sobre los Gonsalvus fueron obra del científico renacentista de Bolonia, Ulisse Aldrovandi.


Ya fuera para ilustrar la obra de los médicos o, más probablemente, para satisfacer la curiosidad, tan propia de la época, de monarcas y aristócratas, la familia Gonsalvus fue retratada por diversos artistas. El primero fue un pintor, cuyo nombre desconocemos, que realizó cuatro cuadros: el padre, la madre y dos de sus hijos, una niña y un niño. Parece ser que fue un encargo de Fernando II, archiduque de Austria y Conde del Tirol, un auténtico soberano renacentista, mecenas de las artes y las ciencias, para la "colección de curiosidades" que creo en su castillo de Ambras (de ahí el epónimo), en Innsbruck; aunque, en la actualidad se encuentran en una de las salas del Kunsthistorisches Museum, de Viena. Uno de estos cuadros, el que representa al padre de familia, es el que da inicio a esta entrada. Sobre las pinturas de Ambras, Alberto Manguel (que las fecha "con toda probabilidad después de 1576") escribió:


"Con la excepción de la madre, que posa contra un fondo de terciopelo negro, cada miembro de la familia [el padre, la hija, a la edad de cinco o seis años, y su hermano menor, de dos o tres años] está pintado contra una roca o gruta; llama la atención el contraste entre sus rostros animales, rasgos de la naturaleza agreste, y sus elegantes trajes, emblemas de la civilización".(3)


En 1580, posiblemente -también, según Manguel- Dirk de Quade van Ravestyn(4) pintó al clan Gonsalvus para el melancólico emperador Rodolfo II quien, enclaustrado en su palacio de Praga había reunido en torno suyo a muchos de los mejores artistas y estudiosos de la época para que le llevasen imágenes del mundo exterior. Unos años más tarde, en 1582, en Munich -sigue diciendo Manguel-, el artista Joris Hoefnagel utilizó las pinturas de Ambras como modelo para dibujar a los Gonsalvus por parejas (los padres y los hijos) en dos óvalos para un álbum... Una de esas ilustraciones la podemos ver a continuación:

Joris Hoefnagel (1542-1600)
Ilustración que representa a Petrus Gonsalvus y su esposa (1582)

Ya en 1583, la familia Gonsalvus se encuentra en Parma, con Margarita de Austria, en la corte de los Farnesio. Dos años después, en 1585, la extraordinaria pintora boloñesa Lavinia Fontana retrató a la hija de Petrus, a la que llaman Tognina o Antonietta, cuando tenía unos doce años de edad. La niña se había convertido en un regalo para la marquesa de Soragna, como queda patente en el papel que nos muestra mientras sus ojos lupinos se clavan en nuestra mirada...

Lavinia Fontana (1552-1614). Tognina Gonsalvus (1585)
Óleo sobre lienzo. 57 x 46 cm.
Museé du Château du Blois

Sólo añadiré, para terminar, que esta entrada está inspirada en la titulada "Antonietta González", tan excepcional como todas las del blog Babbilonia, donde conocí a la familia González, o Gonsalvus, y al síndrome de Ambras.



Notas:
(1) BAUMEISTER, F.A. (1993): "Ambras syndrome: delineation of a unique hypertrichosis universalis congenita and association with a balanced pericentric inversion (8) (p1 1.2; q22)". Clin. Genet. 44, 3: 121-128.
(2) Para una mayor información médica sobre el síndrome de Ambras, V.: RASHID, R.M. y WHITE, L.E. (2007): "A hairy development in hypertrichosis: a bief review of Ambras syndrome". Dermatol. Online J. 13, 3: 8 [Disponible en: http://dermatology.cdlib.org/133/reviews/ambras/rashid.html; consultado el 26 de marzo de 2011].
(3) MANGUEL, A. (2002): Leyendo imágenes. Una historia privada del arte. Bogotá, Norma: 111. [Disponible en: http://books.google.es/books?id=8xoBPt4ACJQC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false; consultado el 26 de marzo de 2011].
(4) TELLES, N. (2006): "As belas e as feras". [Disponible en: http://vsites.unb.br/ih/his/gefem/labrys10/livre/belafera.htm; consultado el 27 de marzo de 2011].

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