| Pieter Lastman (1583-1633). Hippocrate rendant visite à Démocrite (1622) Óleo sobre tabla, 111 x 114 cm. Le Palais des Beaux-Arts de Lille |
En la entrada anterior comentábamos algunas de las leyendas atribuidas a Hipócrates. En concreto, aquéllas en las que, rehusando incluso los más ricos presentes, se negaba a prestar sus servicios a los enemigos de Atenas; y nos preguntábamos si es lícito -desde el punto de vista ético- que un médico se niegue a atender a cualquier persona, sea quien sea.
En otras leyendas, en cambio, no hay dudas sobre la impecable actuación ética del "Padre de la Medicina". Se cuenta, por ejemplo, que los habitantes de Abdera, una ciudad situada en Tracia, en la coste norte de la actual Grecia, a orillas del Egeo, acudieron muy preocupados a Hipócrates pidiéndole que fuese a ver a Demócrito, quien "al parecer se había vuelto loco..." Existen diferentes versiones sobre por qué llamaban loco al filósofo atomista. Una dice que dedicaba tanta atención a sus estudios y reflexiones que permanecía ajeno a cualquier otra cosa y ni siquiera respondía cuando le llamaban. Otra, que pasaba el día riéndose de todo y de todos. El doctor Reverte Coma recoge una versión más, la de que "iba a los cementerios de noche para sacar cadáveres llevándolos a su casa", y explica que Hipócrates:
"Comprendió que no podía 'curar' [al filósofo] de la manía de aprender y tampoco pudo convencer a sus paisanos de que Demócrito no era un enfermo sino un hombre por encima de lo normal dedicado a investigar, lo que no podía considerarse como una enfermedad. Y rechazó la paga que los habitantes de Abdera le querían entregar por su trabajo."(1)
En el cuadro que da inicio a esta entrada, Pieter Lastman, un pintor barroco holandés, conocido fundamentalmente por haber sido maestro de Rembrandt, representa el momento en que, en las afueras de Abdera, ante la mirada expectante de sus ciudadanos, Hipócrates, vestido con elegantes túnica y capa, y con un turbante cubriendo su cabeza, encuentra a Demócrito junto a un riachuelo, bajo la sombra de un frondoso árbol, escribiendo en un grueso volumen que -como los otros dos que aparecen abiertos a sus pies- nos parecen fuera de lugar y, más aún, de tiempo. Los animales que se ven en la parte inferior del cuadro, a la izquierda de los protagonistas, creemos que son los que el filósofo diseccionaría -en vez de cadáveres humanos- para sus investigaciones; porque Demócrito de Abdera, como otros sabios antiguos, en su afán de conocimiento, practicó la disección y se le considera como uno de los primeros anatomistas.
Cabe añadir, para terminar, que en nuestra búsqueda de información sobre la pintura que acabamos de comentar encontramos otra muy similar, en la que su autor -según parece- hizo algo más que "inspirarse" en la anterior; aunque aquí si que se aprecia con claridad como Demócrito anota lo que ve examinando el cadáver abierto del animal. Es la que se muestra a continuación.
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| Nicolaes Berchem (1620-1683). Hippocrate rendant visite à Démocrite (c.1650) Óleo sobre tabla, 67,3 x 81,3 cm. |
NOTAS
(1) REVERTE COMA, J. M. (s.f.): "Asclepieion de Cos. La tumba de Hipócrates".
[Disponible en: http://www.museorevertecoma.org/v2/index.php?option=com_content&view=article&id=22:asclepieion-de-cos-la-tumba-de-hipocrates&catid=1:antropologia&Itemid=2; consultado el 15 de julio de 2011].




