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22 de abril de 2011

La muerte de Bichat


Louis Hersent (1777-1860). La muerte de Bichat (1802)
rodeado por sus amigos, los doctores Esparron y Roux.
París. Biblioteca de la Facultad de Medicina.
Imagen: WikiGallery.org

Cuando murió François Xavier Bichat (1771-1802) tenía sólo 31 años de edad. Pero, a pesar de su juventud, era ya una de las principales figuras de la medicina francesa -la más avanzada de la época-, exponente máximo del pensamiento vitalista en medicina, y creador de la mentalidad anatomoclínica (la que llegaría a España a través de Francisco Javier Laso de la Vega y el Periódico de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz); una de las tres mentalidades (junto a la fisiopatológica y la etiopatológica) sobre las que se sustenta, según Laín Entralgo, la estructura de la patología y de la clínica contemporáneas. La mentalidad anatomoclínica surge en 1801 -como señala José Luis Fresquet- al afirmar Bichat "...que la medicina alcanzaría rigurosidad científica cuando se estableciera una relación cierta entre la observación clínica de los enfermos y las lesiones anatómicas que la autopsia descubre después de la muerte".(1)

Existen diversas versiones sobre las causas de la muerte de Bichat. Hay quien la vincula con una supuesta punción accidental que habría sufrido mientras realizaba alguna de las innumerables disecciones que practicó a lo largo de su vida. Cuenta Nicolas Dobo que siendo todavía un niño ya diseccionaba gatos y acompañaba a su padre, que también era médico, cuando debía llevar a cabo una autopsia. Luego, en su ejercicio profesional, ya fuera con su maestro Desault, como cirujano en el Hôtel Dieu, o como docente en la escuela anatómica privada que creó, no paró jamás de hacer disecciones; hasta tal punto que -según apuntan varios autores- sólo en el último invierno de su vida disecó cerca de seiscientos cadáveres. Y eso que dicha actividad llegaría a causarle serios disgustos, como en aquella ocasión en la que fue detenido junto a dos de sus colaboradores al sorprenderles la policía en posesión de seis cadáveres que se habían llevado del cementerio.(2) Sin embargo, lo más probable es que la temprana muerte de Bichat se debiera a la tuberculosis, la "gran plaga blanca", que llegaría a alcanzar durante el siglo XIX sus más elevadas tasas de morbilidad y mortalidad. Una enfermedad para la cual, en tiempos de Bichat, no había tratamiento, ni se conocían con certeza sus mecanismos de transmisión: ni siquiera existía el vocablo "tuberculosis".

A pesar de su enfermedad, el joven médico trabajaba día y noche: el hospital, las clases, las autopsias... Entre 1800 y 1802 publicó buena parte de sus principales obras: Traité des membranes en général et diverses membranes en particulier (1800); Recherches physiologiques sur la vie et la mort (1800); Anatomie générale, appliquée à la physiologie et à la médecine, en dos volúmenes (1801); y algunos de los cinco volúmenes de su Traité d'anatomie descriptive (1801-1803). Últimamente se le veía cansado, agotado, consumido por el trabajo y la enfermedad... Todo indica que llegó a padecer una de las complicaciones menos frecuentes de la tuberculosis pulmonar, la meningitis, que un día le hizo perder el conocimiento y caer por las escaleras del hospital. Nunca se recuperó, falleciendo poco tiempo después, el 22 de julio de 1802.


Louis Hersent (1777-1860), un pintor que destacó -sobre todo- en tiempos de la Restauración francesa, representó la muerte de Bichat en el cuadro que encabeza esta entrada, y que se encuentra en la Facultad de Medicina de París. En medio de una gran habitación, la cual más que un dormitorio parece una biblioteca, por las enormes estanterías repletas de libros que aparecen al fondo, vemos a Bichat encendido por la fiebre, sudoroso, demacrado, agonizando en la cama. La escena se ilumina por la tenue luz de una vela situada sobre una mesa auxiliar. En la mesa hay también una jarra para el agua, algunos paños, un recipiente, un bol -posiblemente  usado para contener el ligero alimento que se le ha querido dar- y un frasco de jarabe, un calmante -quizás- o un antipirético. Bichat no tenía familia, había entregado su vida entera a la medicina. En el momento de su muerte -según el cuadro de Hersent- le acompañan solamente dos de sus discípulos, que eran a la vez sus amigos, los doctores Pierre Jean Baptiste Esparron (1776-1818), de quien sólo sabemos que publicó, en 1803, un Essai sur les ages de l'homme, y el más conocido Philibert Joseph Roux (1780-1854), considerado como uno de los pioneros de la cirugía plástica. Uno le toma la mano con afecto, mientras le aplica un lienzo sobre la frente para enjugar el sudor. El otro le observa apesadumbrado.


En memoria de Bichat, concluimos esta entrada con la Marcha Fúnebre de Luigi Cherubini (1760-1842), un compositor italiano, contemporáneo suyo, que pasó gran parte de su vida en Francia, en los tiempos en que París -como en la medicina- se había convertido en el centro musical del mundo.


Bibliografía:
(1) FRESQUET, José L. (2000): "François Xavier Bichat (1771-1802)". Historia de la Medicina - Biografías. [Disponible en: http://www.historiadelamedicina.org/bichat.html; consultado el 22 de abril de 2011].
(2) DOBO, Nicolas (s.f.): "Xavier Bichat (1771-1802). La vie fulgurante d'un génie". Resumen de: DOBO, Nicolas y ROLE, André (1989): Bichat: La vie fulgurante d'un genie. Paris, Perrin. [Disponible en: http://www.bium.univ-paris5.fr/histmed/medica/bichat/bichat02.htm; consultado el 22 de abril de 2011].

17 de abril de 2011

¿Qué pinta un rinoceronte en un tratado de anatomía humana?


Jan Wandelaar (1697- 1759). Musculorum Tabula IV (1747)
56,4 x 40,2 cm.
En: ALBINUS, Bernard Siegfried (1747): Tabulae sceleti et musculorum corporis humani.
Leiden, prostand apud Joannen & Hermannum Verbeek Bibliop.

La ilustración que acabamos de ver fue criticada en su época. ¿Cómo podía ocurrírsele a alguien representar un animal como ese, en medio de un jardín, en algo tan serio como un libro de anatomía humana del siglo XVIII? ¡Siempre hay "críticos" para todo!


Pero, vayamos por partes...


La rinoceronte se llamaba Clara. Era una rinoceronte hembra nacida en la India, en 1738. Cuando tenía aproximadamente un mes de edad, unos cazadores mataron a su madre y la pequeña fue "adoptada" por el director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en Bengala, Jan Albert Sichterman, quien la crió en su casa durante dos años, hasta que el animal se hizo demasiado grande para permanecer allí. Entonces, se la vendió o se la regaló al capitán Douwemout van der Meer, que se la llevó a los Países Bajos, donde llegó, concretamente al puerto de Róterdam, el 22 de julio de 1741. Van der Meer convirtió a Clara en una "atracción de feria" y viajó con ella por distintos países de Europa: Alemania, Austria, Polonia, Francia, Italia e Inglaterra. En Inglaterra, precisamente, moriría la rinoceronte, el 14 de abril de 1758, a los 21 años de edad.

Carel de Moor (1656-1728). Bernhard Siegfried Albinus (1697-1770)
Grabado por Ambroise Tardieu (1788-1841). 10,1 x 7,6 cm. (óvalo)
Tomado de la colección digital: Smithsonian Institution Libraries

Bernhard Siegfried Albinus nació en Fráncfort del Óder, una ciudad de Brandeburgo (Alemania), el 24 de febrero de 1697. A los cinco años se trasladó a Leiden, donde su padre, Berhardus Albinus (1653-1721) uno de los médicos más famosos de su tiempo, había sido nombrado profesor de la Universidad. Albinus, hijo, estudió en la Universidad de Leiden con figuras tan notables en la historia de la medicina como Govard Bidloo (1649-1713), Johannes Jacobus Rau (1668-1719), Fredericus Dekkers (1644-1720) y el más destacado de todos ellos, Hermann Boerhaave (1668-1738). Luego marchó a París, para ampliar su formación, pero pronto regresó a Leiden y a su Universidad, donde empezó a impartir clases de cirugía y anatomía en 1721, a los 24 años de edad. Allí permaneció hasta su muerte, el 9 de febrero de 1770, después de haberse convertido en uno de los más importantes anatomistas del siglo XVIII. Entre sus publicaciones se encuentran la Historia musculorum hominis (1734), Icones ossium foetus humani (1737), y nuevas ediciones de las obras de Bartolomeo Eustachio (más conocido, en español, como Eustaquio) y, junto a Boerhaave, las de Andreas Vesalius o Vesalio y William Harvey. También fue el primero en demostrar la relación entre el sistema vascular de la madre y del feto.


Pero Bernhard Siegfried Albinus es conocido, sobre todo, por su monumental Tabulae sceleti et musculorum corporis humani, publicado en Leiden en 1747. El artista grabador, amigo y colaborador de Albinus durante más de treinta años se llamaba Jan Wandelaar (1690-1754 o 1759). Se dice que, para hacer mejor el trabajo, Wandelaar vivía en la casa de Albinus, y su amistad llegó a ser tan grande que el médico llegó a sufrir una fuerte depresión tras la muerte del artista. 


A la exactitud anatómica en la representación de huesos y músculos, Wandelaar, con la aquiescencia de Albinus, dotó a su obra de una elegancia especial. Los esqueletos adoptan posturas que parecen darles vida, juega inteligentemente con las luces y las sombras, logrando efectos aparentemente tridimensionales, y los sitúa en bellos espacios, como el jardín que aparece en esa Tabula IV que veíamos al principio; donde, además, para mayor interés, representa a la gran maravilla de la naturaleza que acababan de conocer y a todos había impresionado: Clara, la rinoceronte.


Como homenaje a Albinus y Wandelaar (y también -por qué no- a la rinoceronte Clara) finaliza esta entrada con una de las piezas más conocidas y versionadas de la música barroca, el Canon en Re mayor de su contemporáneo Johann Pachelbel.




Enlaces de interés:
LÓPEZ PIÑERO, José María (2003): Los saberes morfológicos y la ilustración anatómica desde el Renacimiento al siglo XX. Faximil Ediciones Digitales. [Disponible en: http://www.faximil.com/descargas/estudiopinero.pdf; consultado el 17 de abril de 2011].

3 de abril de 2011

El posible melanoma de María Josefa de Borbón pintado por Goya


Francisco de Goya (1746-1828). María Josefa de Borbón y Sajonia, infanta de España (1800)
Óleo sobre lienzo. 72 x 59 cm.
Museo del Prado. Madrid
(Pulsar sobre la imagen para ampliarla)

El 8 de diciembre de 1801, a los 57 años de edad, fallecía en Madrid la infanta doña María Josefa Carmela de Borbón y de Sajonia, dieciocho meses después de que don Francisco de Goya y Lucientes la retratara para el cuadro La familia de Carlos IV. En aquella fecha no podía atribuirse su muerte más que a causas naturales; pero sin determinar con exactitud la causa fundamental de la misma. Hoy, gracias a las extraordinarias dotes de observación del pintor de Fuendetodos y al absoluto realismo que  imprimió a su cuadro, pensamos que María Josefa pudo morir a causa de un melanoma que presentaba en su sien derecha.


La infanta, hermana de Carlos IV, hija de Carlos III y María Josefa Amalia de Sajonia, había nacido en Gaeta, a un centenar de kilómetros de Nápoles, el 6 de julio de 1744, cuando su padre era rey de Nápoles y Sicilia. Existen otros retratos de juventud, de María Josefa, obras de Bonito, Mengs o Tiepolo, algunos de ellos -ciertamente- más "idealizados" que éste que ahora nos ocupa. Según la página oficial del Museo del Prado, en el cuadro de Goya, la infanta:


"Ostenta la banda de la orden de Damas Nobles de la reina María Luisa, y sobre el pecho el borrón negro corresponde al lazo de la insignia de la Orden de Damas nobles del Imperio austríaco o Cruz Estrellada, que sólo recibían las damas de la familia real española. En la cabeza luce un tocado, a modo de turbante con una pluma de ave del Paraíso, y se adorna con ricos pendientes de diamantes." (1)


Pero, volviendo al posible melanoma de la infanta pintado por Goya, el Dr. Laurens P. White, médico de San Francisco (California), publicó en 1995 un comentario titulado "What the Artist Sees and Paints", en la revista Western Journal of Medicine, cuya traducción libre y apresurada podría ser así:


"Entre los años 1800 y 1801, Francisco de Goya pintó un gran retrato de grupo de la familia del rey Carlos IV de España. Incluída en este grupo está la hermana del rey, la infanta María Josefa, de 56 años de edad. En su sien derecha se ve un tumor grande y negro, probablemente un melanoma, seguramente del tipo léntigo maligno. Se pueden ver los bordes elevados del tumor. Y es sabido que la infanta murió por causas desconocidas seis meses después de que la pintura hubiese sido acabada. Por diversas razones podemos especular sobre la causa de su muerte pero no podemos afirmarla con certeza.

Los artistas a menudo ven y pintan la realidad antes de que los médicos y científicos la reconozcan.

El melanoma es una enfermedad bien conocida desde hace tiempo. Se dice que fue descrito por Hipócrates, aunque no lo hizo. [...] El primero en reconocerlo como cáncer, fue Gioanni Carlo Brugnone, un veterinario de Turín, Italia, en 1781, que lo describió en caballos, generalmente viejos caballos de color claro. El primero en reconocerlo como un tipo de cáncer en humanos fue René Laënnec, en 1807; aunque Everard Home, en 1805, ya distinguía distintos tipos de cáncer, uno de los cuales, según se comprobó años después, había sido el melanoma. La introducción del uso del microscopio en patología a mediados del siglo XIX contribuyó a establecer el diagnóstico del melanoma en humanos.

Una de las razones por las que Goya es uno de los más grandes pintores del mundo es porque en sus retratos lo reflejaba todo, con tanta fidelidad, que era capaz de pintar un cáncer en una princesa real. Otros muchos artistas lo hubieran disimulado o eliminado en la versión definitiva de sus cuadros. Goya era distinto. Posiblemente, pintó el retrato de una mujer con melanoma seis años antes de que uno de los médicos más importantes y cuidadosos describiera por primera vez la enfermedad."(2)


Notas:
(1) GALERÍA (2011): "Galería online". Museo Nacional del Prado. [Disponible en: http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/maria-josefa-de-borbon-y-sajonia-infanta-de-espana/; consultado el 3 de abril de 2011].
(2) WHITE, L. P. (1995): "What the Artist Sees and Paints". West. J. Med. 163, 1: 84-85. [Disponible en:  http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1302934/pdf/westjmed00358-0086.pdf; consultado el 3 de abril de 2011].

27 de marzo de 2011

Los primeros casos conocidos del síndrome de Ambras


Retrato de autor anónimo. Petrus Gonsalvus (c. 1580)
Óleo sobre lienzo. 190 x 80 cm.
Kunsthistorisches Museum. Viena

No han pasado todavía veinte años desde que los alemanes Baumeister et al.(1), en 1993, describieron por primera vez el síndrome de Ambras, una rara variante (el número de casos documentados en la literatura médica no llega a los cincuenta) de hipertricosis universal congénita, debido a una alteración genética del cromosoma 8(2); aunque su epónimo hace referencia a una serie de pinturas, datadas en el último tercio del siglo XVI, que se encontraban en el castillo del mismo nombre.

El síndrome de Ambras se caracteriza porque las personas afectadas presentan un vello largo, coloreado y grueso en todas las zonas pilosas de su cuerpo; especialmente abundante en la cara, orejas y hombros. En algunos casos puede haber dismorfismos, que afectan principalmente a los huesos faciales, dientes y dedos (polidactilia). Pero no hay alteraciones endocrinológicas ni en la capacidad intelectual.

La primera persona con síndrome de Ambras de la que ha quedado testimonio en la historia se llamaba Pedro González, aunque es más conocido como Petrus Gonsalvus, al modo latino: un canario nacido en la isla de Tenerife. Sobre su año de nacimiento tengo dudas. La mayoría de las referencias encontradas en Internet apuntan el año 1556. Pero esto es difícil de creer si aceptamos lo que dicen muchos, que Pedro fue llevado desde su isla canaria a la corte del rey de Francia, Enrique II, cuando todavía era un niño, y allí fue el mismo Rey quien se dio cuenta de que el pequeño "sauvage" no tenía "un pelo de tonto" -nunca mejor dicho- y le procuró una esmerada educación, sobresaliendo en el conocimiento de varias lenguas contemporáneas y latín, y entrando a su servicio en la mesa; porque Enrique II murió en 1559. Ciertamente, también hay quienes apuntan 1537 como año de nacimiento de Petrus Gonsalvus, lo cual me parece más probable. Habría que ver lo que dicen en sus respectivos libros el periodista canario Enrique Carrasco y el historiador del arte Roberto Zapperi, que son quienes han estudiado últimamente la biografía de Gonsalvus con mayor profundidad. Pero todavía no he podido hacerlo.


También es sabido -aunque yo no conozca con exactitud como fue- que después, Petrus Gonsalvus pasó de la corte francesa a la de Margarita de Austria, Duquesa de Florencia, Duquesa de Parma y Gobernadora de Flandes. Seguramente, durante su estancia en Flandes, Gonsalvus se casó con una joven del país (algunos dicen que era francesa), de la que todos destacan su belleza. Del matrimonio nacieron varios hijos. Dos de ellos, al menos, padecían el mismo síndrome que su padre.


No nos puede sorprender que los médicos de la época se mostraran enormemente interesados por la familia Gonsalvus. Se dice que fueron estudiados por Ambroise Paré, el gran cirujano francés y autor -entre otras muchas obras- de una sobre "monstruos y prodigios". Se dice que fueron estudiados por el profesor de la Universidad de Basilea, Felix Platter. Pero, los estudios más conocidos sobre los Gonsalvus fueron obra del científico renacentista de Bolonia, Ulisse Aldrovandi.


Ya fuera para ilustrar la obra de los médicos o, más probablemente, para satisfacer la curiosidad, tan propia de la época, de monarcas y aristócratas, la familia Gonsalvus fue retratada por diversos artistas. El primero fue un pintor, cuyo nombre desconocemos, que realizó cuatro cuadros: el padre, la madre y dos de sus hijos, una niña y un niño. Parece ser que fue un encargo de Fernando II, archiduque de Austria y Conde del Tirol, un auténtico soberano renacentista, mecenas de las artes y las ciencias, para la "colección de curiosidades" que creo en su castillo de Ambras (de ahí el epónimo), en Innsbruck; aunque, en la actualidad se encuentran en una de las salas del Kunsthistorisches Museum, de Viena. Uno de estos cuadros, el que representa al padre de familia, es el que da inicio a esta entrada. Sobre las pinturas de Ambras, Alberto Manguel (que las fecha "con toda probabilidad después de 1576") escribió:


"Con la excepción de la madre, que posa contra un fondo de terciopelo negro, cada miembro de la familia [el padre, la hija, a la edad de cinco o seis años, y su hermano menor, de dos o tres años] está pintado contra una roca o gruta; llama la atención el contraste entre sus rostros animales, rasgos de la naturaleza agreste, y sus elegantes trajes, emblemas de la civilización".(3)


En 1580, posiblemente -también, según Manguel- Dirk de Quade van Ravestyn(4) pintó al clan Gonsalvus para el melancólico emperador Rodolfo II quien, enclaustrado en su palacio de Praga había reunido en torno suyo a muchos de los mejores artistas y estudiosos de la época para que le llevasen imágenes del mundo exterior. Unos años más tarde, en 1582, en Munich -sigue diciendo Manguel-, el artista Joris Hoefnagel utilizó las pinturas de Ambras como modelo para dibujar a los Gonsalvus por parejas (los padres y los hijos) en dos óvalos para un álbum... Una de esas ilustraciones la podemos ver a continuación:

Joris Hoefnagel (1542-1600)
Ilustración que representa a Petrus Gonsalvus y su esposa (1582)

Ya en 1583, la familia Gonsalvus se encuentra en Parma, con Margarita de Austria, en la corte de los Farnesio. Dos años después, en 1585, la extraordinaria pintora boloñesa Lavinia Fontana retrató a la hija de Petrus, a la que llaman Tognina o Antonietta, cuando tenía unos doce años de edad. La niña se había convertido en un regalo para la marquesa de Soragna, como queda patente en el papel que nos muestra mientras sus ojos lupinos se clavan en nuestra mirada...

Lavinia Fontana (1552-1614). Tognina Gonsalvus (1585)
Óleo sobre lienzo. 57 x 46 cm.
Museé du Château du Blois

Sólo añadiré, para terminar, que esta entrada está inspirada en la titulada "Antonietta González", tan excepcional como todas las del blog Babbilonia, donde conocí a la familia González, o Gonsalvus, y al síndrome de Ambras.



Notas:
(1) BAUMEISTER, F.A. (1993): "Ambras syndrome: delineation of a unique hypertrichosis universalis congenita and association with a balanced pericentric inversion (8) (p1 1.2; q22)". Clin. Genet. 44, 3: 121-128.
(2) Para una mayor información médica sobre el síndrome de Ambras, V.: RASHID, R.M. y WHITE, L.E. (2007): "A hairy development in hypertrichosis: a bief review of Ambras syndrome". Dermatol. Online J. 13, 3: 8 [Disponible en: http://dermatology.cdlib.org/133/reviews/ambras/rashid.html; consultado el 26 de marzo de 2011].
(3) MANGUEL, A. (2002): Leyendo imágenes. Una historia privada del arte. Bogotá, Norma: 111. [Disponible en: http://books.google.es/books?id=8xoBPt4ACJQC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false; consultado el 26 de marzo de 2011].
(4) TELLES, N. (2006): "As belas e as feras". [Disponible en: http://vsites.unb.br/ih/his/gefem/labrys10/livre/belafera.htm; consultado el 27 de marzo de 2011].

27 de febrero de 2011

Sorolla y Simarro (1897)


Joaquín Sorolla (1863-1923). Una investigación o el doctor Simarro en el laboratorio (1897)
Óleo sobre lienzo. 122 x 151 cm.
Museo Sorolla. Madrid

El 27 de febrero de 1863 nació en Valencia uno de los más grandes pintores de la historia del arte y, sin duda, uno de los que más sinceramente admiro: Joaquín Sorolla y Bastida.

Como modesto homenaje personal, en este aniversario, transcribo a continuación un texto de Antonio del Moral (2002), publicado en El rincón de la Ciencia, relativo a uno de los tres cuadros que dedicó Sorolla al doctor Luis Simarro Lacabra (1851-1921), valenciano como él (aunque nacido en Roma), amigo, y una de las más grandes figuras de la medicina española de la época:

"El siglo XIX ha pasado a la Historia por su enorme cantidad de acontecimientos decisivos que han conformado nuestra contemporaneidad. Entre ellos, la revolución científica y médica sin la cual resulta imposible explicar la Segunda Revolución Industrial, el avance de la tecnología y el crecimiento demográfico de Europa. Y, en este contexto, el médico fue observado como un personaje que, por su profesión y talante, debía representar no sólo la Ciencia sino, en general, el Progreso. Las Artes, especialmente la pintura, ayudaron a afianzar esta idea.


De esta manera, el más popular y genial pintor del impresionismo español, Joaquín Sorolla, pintó en Madrid una escena del laboratorio del doctor Luis Simarro, valenciano como el artista, amigo y médico de su familia, además de uno de más importantes estudiosos de la neurohistología y la psicología experimental. En este lienzo [...], realizado en 1897, se aprecia al protagonista trabajando, precisamente, en una preparación histológica. En primer término, un gran frasco de bicromato potásico, con su llamativo color, producto básico del método de tinción cromoargéntica que había enseñado el doctor a otro gran científico español, Ramón y Cajal. El color del bicromato potásico, que era muy característico, dominaba en las micrografías de preparaciones con el método cromoargéntico y también en los correspondientes dibujos y pinturas. Junto a la mesa, asimismo en primer plano, el pintor situó un microtomo Leitz, el mejor de la época, con el que trabajaban los alumnos de Simarro y, asimismo, Cajal. Rodeando a su maestro, los discípulos de su primera etapa docente, a los que seguirían, con el tiempo, otros más famosos como Nicolás Achúcarro y Gonzalo Rodríguez Lafora.


La principal fuente lumínica de la composición es la potente luz de una lámpara de mesa, que facilita la penumbra envolvente de los discípulos del doctor, vestidos de oscuro, todo lo cual facilita el realce de la figura de Simarro, enfundado en una bata blanca. Al fondo, una estantería de frascos y botes, objetos que también aparecen sobre la mesa, los cuales confirman al espectador que se encuentra ante una escena de laboratorio. Como en el resto de los cuadros de finales de siglo, Sorolla logró romper con energía con los colores apagados y sucios para dar paso a la luz, acompañada de una serenidad clásica en los rostros de sus personajes. En la escena, el espectador se transforma en uno más de los discípulos del científico, desea observar más cerca al maestro y mantiene el mismo respetuoso silencio que los demás componentes del cuadro, esperando escuchar la lección magistral.


Sorolla, como Madrazo, pintó a la mayor parte de las figuras representativas de la intelectual[idad] del momento en la vida española: Galdós, Echegaray, Baroja, Benavente, Ricardo León, Menéndez y Pelayo, Azorín, la Pardo Bazán, Torres Quevedo... y, naturalmente, a médicos como Marañón, Cajal y Simarro.


Este lienzo fue seleccionado para ser exhibido en la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid en 1897, y en las internacionales de Munich en 1906, Berlín, Colonia y Düsseldorf en 1907, Londres en 1908 y Roma en 1911, donde Sorolla demostró que, nuevamente y desde el siglo XVI, la pintura española se encontraba entre las mejores del mundo.


En la obra de este vigoroso artista, que encierra con su nombre y su obra una lenta crisis ascencional del arte hispánico del siglo XIX, reconocemos, junto a otras cualidades precisas y concretas de pintor de raza, el don que sólo es otorgado a los que llegan a expresar en sus creaciones algo más que una mera potencia de ejecución. Ese don y ese mensaje sólo transmitido por los grandes artistas y que desciframos en las obras de Sorolla, es la concreción plástica de una singular visión del mundo y del hombre."

Bibliografía:
MORAL, Antonio del (2002): "Una investigación o el doctor Simarro en el laboratorio (Sorolla)". El rincón de la Ciencia, 16. [Disponible en: http://centros5.pntic.mec.es/ies.victoria.kent/Rincon-C/Arte/Sorolla/Sim.htm; consultado el 27 de febrero de 2011].

Enlaces de interés:
Blog dedicado a Joaquín Sorolla.
FRESQUET, José Luis (2011): "La noticia del fallecimiento de Simarro en 1901". Medicina, Historia y Sociedad. [Disponible en:  http://historiadelamedicina.wordpress.com/2011/03/03/la-noticia-del-fallecimiento-de-simarro-en-1921/; consultado el 4 de marzo de 2011].
GARCÍA-ALBEA, Enrique (2001): "Luis Simarro: precursor de la Neurología española y Gran Maestre de la Masonería". Rev. Neurol., 32, 10: 990-993. [Disponible en:  http://www.neurologia.com/pdf/Web/3210/k100990.pdf; consultado el 27 de febrero de 2011].
TEIXIDÓ GÓMEZ, Francisco (2008): "Luis Simarro Lacabra (1851-1921)". Los biólogos españoles. [Disponible en: http://citologica.org/fteixido/136/luis-simarro-lacabra-1851-1921/; consultado el 27 de febrero de 2011].

Actualizado el 4 de marzo de 2011.

13 de febrero de 2011

El inusual retrato del Doctor Pozzi


John Singer Sargent (1856-1925). Dr. Samuel Jean Pozzi at Home (1881)
Óleo sobre lienzo. 202,9 x 102,2 cm.
The Hammer Museum (UCLA), Los Angeles, CA (USA)

Médico de reconocido prestigio, como cirujano general y -sobre todo- como ginecólogo: con razón se le considera "el padre de la ginecología francesa". Antropólogo. Coleccionista de antigüedades. Voluntario del ejército francés en la Guerra Franco-Prusiana y en la Primera Guerra Mundial. Amigo de intelectuales y artistas. Participante en las más variopintas actividades del París de finales del siglo XIX y principios del XX. Político. Y -según algunos de los que le conocieron y de quienes han escrito sobre él- amante excepcional. Nadie podría haber sido el protagonista de uno de los cuadros más famosos del gran retratista John Singer Sargent (1856-1925), como lo fue el Doctor Samuel Jean Pozzi (1846-1918), al que Sarah Berhardt (1844-1923) llamaba "Doctor Dieu".


Samuel Jean Pozzi nació el 3 de octubre de 1846 en la pintoresca localidad de Bergerac, al sudoeste de Francia. Tras completar sus estudios preliminares en Pau y Burdeos, Pozzi empezó a estudiar medicina en París, en 1864. Participó como voluntario en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) y volvió luego a sus estudios para doctorarse, en 1873, con una disertación sobre el tratamiento de las fístulas pararectales que ganó la Medalla de Oro de la Facultad de Medicina de París. Dos años después llegó a ser profesor de esa misma Facultad, presentando para obtener la plaza otra tesis sobre la histerectomía en el tratamiento del fibroma uterino. En 1876, en un congreso de la British Medical Association, Pozzi conoció a Joseph Lister (1827-1912), y se convirtió en uno de sus más firmes partidarios, introduciendo la antisepsia en los hospitales de su país y escribiendo el primer texto francés sobre la materia: Quelques observations a propos du pansement de Lister appliqué aux plaies d'amputation et d'ablation de tumeurs. En 1884, Pozzi consiguió la primera Cátedra de Ginecología de la Facultad de Medicina de París, haciendo de la ginecología una especialidad independiente de la medicina y la cirugía. La más importante de sus más de cuatrocientas publicaciones médicas, el Traité de Gynécologie Clinique et Opératoire, editado en París, en 1890, se tradujo enseguida a seis idiomas, consagrándolo como uno de los ginecólogos más importantes de su época a nivel mundial, la gran figura de la medicina francesa en Europa y América.


Por entonces, Pozzi ya era también en uno de los personajes más conocidos de Francia, incluso se vendían reproducciones de su retrato por las calles de París. Y, a sus indiscutibles méritos profesionales, unía su fama de conquistador irresistible. La actriz Sarah Bernhardt, quien -según diversas fuentes consultadas- durante un tiempo fue su amante -y no la única- pero siempre fue su amiga, y que sólo consintió que fuera él quien la operara cuando hubo que extirparle un quiste ovárico en 1898, le llamaba "Doctor Dieu".


En realidad, a Samuel Jean Pozzi se le puede considerar un hombre de mentalidad renacentista. Además de desarrollar una exitosa carrera médica, participaba activamente en la intensa vida social de París y llevaba a cabo múltiples actividades. Junto a Rene Benoit publicó una traducción al francés del libro de Charles Darwin Expresion of Emotions in Humans and Animals. En 1888 se le nombró presidente de la Sociedad Francesa de Antropología, sociedad de la que era miembro desde 1870. Viajó por todo el mundo adquiriendo monedas y antigüedades griegas y romanas, de las que era un gran coleccionista. Con Emile Zola, desempeño un importante papel en la defensa de Alfred Dreyfus. Mantuvo una buena amistad con su colega, el doctor Adrien Proust, cuyo hijo Robert, que era ginecólogo, fue ayudante de Pozzi; mientras que su otro hijo, Marcel Proust, llegó a ser uno de sus más íntimos amigos, lo mismo que el poeta Robert de Montesquiou. En 1898, fue elegido senador por su circunscripción natal, participando así también en la política nacional.


La muerte de Pozzi fue tan novelesca como, en muchos sentidos, lo había sido su vida. Según la que, para nosotros, es su mejor biógrafa, la doctora Caroline de Costa, el 13 de junio de 1918, Pozzi fue asesinado en su consulta por un paciente alienado, Maurice Machu, a quien había operado anteriormente de un varicocele y creía, falsamente, que esa operación le había dejado impotente. Machu quería que volviera a operarlo, para devolverle su virilidad, y cuando el doctor se negó a hacerlo le disparó tres tiros en el abdomen y luego se suicidó. Pozzi no falleció instantáneamente. Hubo tiempo para que algunos de sus amigos acudieran a su lado, incluido el primer ministro, Georges Clemenceau (que también era médico y periodista), y para trasladarlo a un hotel cercano, donde uno de sus discípulos, el doctor de Martel, se haría cargo de la intervención quirúrgica. Pozzi, rehusó la anestesia general, ordenando una infiltración local, decidido a dirigir la operación. Pero no pudo resistir mucho más. Sólo tuvo tiempo, antes de morir, para pedir que se le enterrara con su uniforme militar en el cementerio de Bergerac, su ciudad natal. Algunos días después, Marcel Proust escribía a un amigo común: "Mi dolor es muy profundo [...]. Pienso en su bondad, su inteligencia, su talento, su belleza, en como lo he venerado constantemente..."


Estos han sido algunos retazos de la vida y la muerte de un hombre que en 1881, en la plenitud de sus treinta y tantos años fue retratado por un pintor diez años más joven, pero que ya tenía un nombre hecho en los ambientes artísticos, y llegaría a convertirse en uno de los artistas más importantes de su tiempo: John Singer Sargent.  Entre el médico y el pintor surgió una amistad sin final. El cuadro impresiona, y no sólo por sus más de dos metros de altura. Sargent, por entonces muy influenciado precisamente por la luz y el color de la pintura española, sugirió a su amigo un atrevido y provocativo retrato que nada tendría que ver con los tradicionales retratos de médicos en el siglo XIX, caracterizados por sus serios y típicos tonos oscuros. Y Pozzi se prestó a ello. Es una explosión de rojo, de pasión... Fondo rojo y rojo en esa bata de estar en casa cubriendo su camisa de dormir, blanca, romántica, "byronesca"; de la que sólo se escapan una adornada zapatilla -por abajo-, la gentil cabeza enmarcada por unos negros cabellos y bien recortada barba negra -por arriba-, y las manos... Esas manos finas, delicadas, del ginecólogo que proponía la exploración bimanual del aparato genital femenino. La izquierda, enredando en el cinturón de la bata, del que penden dos enormes borlones en su parte central. La derecha, en la que se entiende como una posición de sinceridad, apoyada en el pecho, sobre el corazón -un gesto habitual en los retratos de nobles de los siglos XVI o XVII- pero que aquí, en vez de completamente abierta, se muestra con el dedo índice doblado, indicando -según Sutcliffe- que en este seductor "Don Juan", quizá, la sinceridad no era su cualidad más evidente.


El cuadro Dr. Pozzi at Home fue propiedad de la familia Pozzi hasta 1967, cuando fue adquirido por Armand Hammer para su colección privada. Hoy se puede contemplar públicamente, y dejarse seducir por él, en el Hammer Museum (UCLA), en Los Angeles, California.


Bibliografía:
COSTA, Caroline de y MILLER, Francesca (2007): "Sarah Bernhardt's 'Doctor God': Jean-Samuel Pozzi (1846-1918)". Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology. 47, 5: 352-356.
COSTA, Caroline de (2009): "Sarah Bernhardt's Doctor God". En: The Life & Work of Samuel Pozzi (1846-1918). [Disponible en: http://www.doctorpozzi.com/index.php/published-articles; consultado el 13 de febrero de 2011].
SCHATZKI, Stefan C. (2008): "Doctor Pozzi at Home". American Journal of Roentgenology, 191: 294. [Disponible en: http://www.ajronline.org/cgi/reprint/191/1/294; consultado el 13 de febrero de 2011].
SUTCLIFFE, Adam (2001): "Doctor Vagina 'Doctor Pozzi at Home'. A blatant despiction of a morally-corrupt soul". En: WALLACE, Natasha (Dir.) John Singer Sargent's Virtual Gallery. [Disponible en: http://jssgallery.org/Essay/Dr_V/Dr_v.htm; consultado el 13 de febrero de 2011].


Enlaces de interés:
JSS Gallery
The Life & Work of Samuel Pozzi (1846-1918)

6 de febrero de 2011

Gerrit Dou y la uroscopia


Gerrit Dou (1613-1675). El Médico (1653). Detalle
Kunsthistorisches Museum. Viena


Durante mucho tiempo -sobre todo en la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco- la uroscopia, definida por el Diccionario de la Lengua Española como la "inspección visual y metódica de la orina, antiguamente usada para establecer el diagnóstico de las enfermedades internas", fue el procedimiento más utilizado en medicina para determinar los padecimientos del paciente; hasta tal punto que los pintores holandeses del siglo XVII la representaron en múltiples ocasiones como símbolo por excelencia del acto médico.

Gerrit Dou(1) fue uno de esos pintores holandeses del Barroco, que nació en Leiden, el 7 de abril de 1613, y falleció en la misma ciudad el 9 de febrero de 1675, a los 61 años de edad. El primer maestro de Dou fue su propio padre, un grabador de vidrio. Luego fue aprendiz con otros artistas locales, un grabador de cobre y un pintor sobre cristal. En 1628, con 15 años, se convirtió en el primer discípulo de un joven Rembrandt, que entonces contaba tan sólo 22 años de edad. Con Rembrandt se formó durante tres años, y de él adquirió algunas de sus habilidades más características, como el exquisito uso del color y la forma de plasmar los más sutiles efectos del claroscuro.

Desde que Rembrandt se trasladó a Amsterdam, en 1631, Gerrit Dou se convirtió en el pintor más importante de Leiden; una ciudad que, además de por su famosa universidad, destacaba por ser el principal centro productor de arte al gusto de la época. Al principio de su carrera, Dou, realizó algunos retratos; pero estos fueron disminuyendo gradualmente, ya que los retratados eran reacios a darle el tiempo que él consideraba necesario para realizar sus obras. Cuentan que podía tardar cinco días en pintar una mano. Puede que algo influyera su formación infantil, trabajando cuidadosamente un material tan delicado como el vidrio; pero, posiblemente -aunque esto no lo pueda afirmar- fuera el propio carácter del pintor, extremadamente minucioso, hasta cierto punto obsesivo con el orden y la limpieza, que esperaba -cuando se movía en su estudio- a que se depositara la última partícula de polvo antes de continuar pintando, y se fabricaba sus propios pinceles porque pensaba que nadie podía proporcionarle los que requería para ejecutar sus finas pinceladas, el que le hacía trabajar tan lento. Pocos pintores le han dedicado tanto tiempo, como él, a plasmar tan meticulosamente cada uno de los detalles de sus imágenes. Por todo ello, se especializó en obras de pequeño formato, con escasos personajes, y donde se reproducen los efectos de la luz (ya fuera luz natural, que entraba por una ventana, o la que podía producir la llama de una vela) como pocos lo han conseguido, con colores admirablemente frescos y transparentes, y un efecto general delicadamente armonioso. No obstante, a pesar de su característica minuciosidad, a Dou -que debió ser un trabajador infatigable- se le atribuyen más de doscientas pinturas, que se encuentran repartidas por las principales pinacotecas del mundo. Pintó variados temas; pero es conocido, fundamentalmente, por sus interiores domésticos, por lo general con pocas figuras, enmarcadas por una ventana o por las faldas de una cortina y rodeadas de libros, instrumentos musicales y otros objetos alusivos al tema que se representaba. Él y sus discípulos, como Gabriel Metsu y Frans van Mieris el Viejo, fueron conocidos como fijnschilders (que podemos encontrar traducido como "buenos pintores" o "pintores finos") por la pulcritud y el detallismo con que representaban sus escenas. Lo cierto es que Dou alcanzó gran fama en su época, fue próspero y respetado a lo largo de su vida y sus cuadros alcanzaron elevados precios; teniendo como clientes no sólo a la burguesía protestante holandesa, sino a monarcas y aristócratas como la reina Cristina de Suecia, Leopoldo Guillermo de Habsburgo, archiduque de Austria y conocido mecenas de las artes, Cosme III de Médici y el rey Carlos II que Inglaterra, que ofreció a Gerrit Dou el puesto de pintor en su Corte; pero éste prefirió seguir con su vida tranquila y ordenada en Leiden.

Entre los temas que más gustaban entonces, a juzgar por el gran número de cuadros en los que aparecen, se encontraban las escenas que representaban diversas actividades médicas; y, entre ellas, la de un médico practicando la uroscopia. Sólo entre Gerrit Dou y su paisano y contemporáneo (aunque trece años más joven) -y a la vez tan distinto en el modo de expresar su arte- Jan Steen (sobre quien tenemos mucho que hablar), llegaron a realizar cerca de veinte versiones de médicos uroscopistas.

En realidad, a través de los tiempos, los pintores han representado a los médicos en incontables ocasiones. A veces, mediante retratos con mayor o menor presencia de símbolos de la profesión; pero también, con frecuencia, mostrando escenas en las que se ejecutan distintas actuaciones diagnósticas o terapéuticas. Y, no por casualidad, una de las más representadas ha sido la uroscopia. Durante cientos de años, como hemos dicho antes, la inspección visual de la orina fue uno de los métodos diagnósticos más utilizados, si no el que más. Ya en los tratados hipocráticos se hace referencia a la utilidad del examen de orina para el diagnóstico de determinadas enfermedades. Pero, según los testimonios gráficos con los que contamos, podemos decir que la uroscopia va adquiriendo relevancia en la Edad Media y se sigue utilizando de manera generalizada durante el Renacimiento y el Barroco, e incluso bastante tiempo después. De modo que, para los artistas de la "edad de oro" de la pintura holandesa, en el siglo XVII, se trataba de la práctica distintiva del médico.

Las primeras representaciones conocidas de la escena uroscópica -según Amalia Pati- se encuentran en manuscritos médicos del siglo XII; aunque aparecen también en obras de distinta naturaleza, como breviarios y devocionarios. La misma escena se esculpe en algunas catedrales europeas, como la Catedral de Ruán, o se talla en las puertas del campanario de la Catedral de Florencia. Tampoco era raro "...ni se consideraba impropio, representar a Cristo como un uroscopista simbolizando, de este modo, sus superiores poderes curativos".(2) Pero nunca, hasta que lo hicieron los pintores barrocos holandeses, la escena había sido tan frecuentemente representada.


Entre las numerosas versiones que Gerrit Dou realizó de la escena uroscópica, una de las más conocidas y mi preferida es la que pintó en 1653, que actualmente se encuentra en el Kunsthistorisches Museum (Museo de Arte de Viena), y en la cual el pintor se retrata a sí mismo como médico. En el inicio de esta entrada se puede ver, en detalle, al pintor en su papel de médico, y a continuación se reproduce el cuadro en su totalidad.

Gerrit Dou (1613-1675). El Médico (1653)
Óleo sobre tabla. 49,3 x 36,6 cm.
Kunsthistorisches Museum, Viena

La escena se abre al espectador mediante un enorme arco con balcón (que Dou emplea con mucha frecuencia), decorado con una suntuosa cortina azul y relieves en la parte inferior. El médico, protagonista del cuadro, realiza una uroscopia observando atentamente la "matula", "...una vasija de vidrio de forma esférica en su parte inferior, con un cuello de grosor variable, que simulaba, en definitiva, la forma de la vejiga".(3) Delante de él cuelgan una alfombra ricamente bordada, una bacía de metal (como aquélla de barbero-sangrador que don Quijote usaba a modo de yelmo), un frasco de plata adornado con relieves, un libro con ilustraciones del esqueleto humano, seguramente una copia de De humani corporis fabrica, de Vesalio, que, por su estado, parece ser objeto de reiteradas consultas, "...y -como apuntan Vigué y Ricketts- un globo terráqueo medio velado por la cortina, símbolo de la alquimia, tenida por falsa ciencia. Estos elementos pretenden plasmar la amplitud y profundidad de los conocimientos de este médico, pero también la enorme capacidad del pintor para representar todas las cualidades materiales de los objetos".(4) Detrás, oculta en las sombras (la luz entra por una ventana situada a la derecha del médico), hay una mujer; quizá una sirvienta del médico, o de un paciente que ha enviado la orina para que la examine y determine la enfermedad que padece.


Pero existe otro cuadro, muy famoso, que no se puede dejar de ver si hablamos de Gerrit Dou y la uroscopia. Se trata del conocido como La mujer hidrópica, y lo podemos visitar en el Louvre.

Gerrit Dou (1613-1675). La mujer hidrópica (c. 1663)
Óleo sobre tabla. 86 x 67,8 cm.
Museé du Louvre. París

Dejemos que sean los expertos Jordi Vigué y Melissa Ricketts quienes nos lo expliquen:


"La obra representa una escena de género que tiene como protagonistas a una anciana enferma y un médico envueltos en la penumbra de una habitación. El médico va ataviado con las ropas propias de su oficio. Está situado en el centro examinando una muestra de orina a través de un frasco de vidrio. A su derecha se encuentra la pretendida enferma, con el rostro lánguido vuelto hacia la luz, que entra por el cristal de la ventana. Junto a ella hay una mujer de mediana edad sosteniendo en una mano la cuchara con que ha estado intentando dar de comer a la mujer. A sus pies, una muchacha toma la mano de la enferma, mientras la mira, llena de pena. La intimidad que se desprende de las actitudes de este grupo, formado quizás por las tres generaciones de mujeres de una misma familia, contrasta con la frialdad analítica del médico, que observa el color de la orina de la paciente.

La hidropsia[sic] era una enfermedad relacionada con el exceso de fluidos en el interior del cuerpo causando debilidad de las extremidades o congestión pulmonar y cardíaca. En la época en que Dou pintó esta obra, uno de los métodos habituales era el análisis de orina o uroscopia. La orina se vertía en un frasco de cristal denominado matula, igual al que sostiene el médico de esta obra. El análisis incluía la observación del color, los sedimentos y la densidad, oler, e incluso probar la muestra para determinar su acidez. Luego se comprobaban los resultados con una lista general de hasta 20 gradaciones de color con sus correspondientes explicaciones y diagnóstico.

Muchos profesionales, como Thomas Brian en su panfleto El profeta del Pis (1637), condenaron los frecuentes abusos que originó esta práctica por parte de charlatanes y falsos médicos".(5)


Con el avance de la medicina, a partir del siglo XVIII y, sobre todo, durante los siglos posteriores, la uroscopia dejó de tener importancia como método diagnóstico, y los artistas dejaron de representarla, para seguir siendo cronistas de su tiempo, demostrando así -como señala Amalia Pati- "...la íntima relación entre las manifestaciones artísticas y la ciencia médica".(6)


NOTAS
(1) El nombre de Gerrit Dou lo encontramos escrito, a veces, como Gerard, y el apellido como Dow o Douw. Aquí empleamos la forma más usual y frecuentemente utilizada.
(2) PATI, Amalia (2007): "¿Qué es la escena uroscópica?". Medicina & Cultura, 1, 3 [Disponible en: http://www.medicinaycultura.org.ar/03/Pintura_01.htm; consultado el 6 de febrero de 2011].
(3) Ibidem.
(4) VIGUÉ, Jordi y RICKETTS, Melissa (2008): La Medicina en la Pintura. El Arte Médico. Barcelona, Ars Médica: 133.
(5) Ibid.: 142.
(6) PATI, Amalia (2007): Loc. cit.


Enlaces de interés:
Una forma distinta de tratar este tema se puede encontrar en el estupendo y divertido blog Medicina Joven: "Diagnosticar con el olor y color de la orina".

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